El Inter de Milán volvía a la Liga de Campeones más de un lustro después. Y lo hacía nada menos que ante el Tottenham, escuadra a la que ya se enfrentó entonces con un Gareth Bale estelar en las filas de los spurs. Ahora el remozado equipo de Luciano Spalletti tenía en casa uno de los compromisos más duros de este grupo ante la escuadra de Mauricio Pochettino, más habituada a esta competición y con un bloque potente que tiene las ideas claras.

En la primera parte el cuadro nerazzurro llevó claramente el peso del partido, disponiendo de algunas ocasiones buenas y con una mayor posesión de pelota. Los ingleses, sabedores de que jugaban en campo rival y deseando aprovechar sus virtudes, como la rapidez en la transición y el juego aéreo, dieron varios sustos a los italianos, que no lograban abrir brecha en la siempre férrea defensa londinense, a quien le funcionó mejor el plan, ya que a la vuelta del descanso Christian Eriksen adelantaba a los visitantes. Con menos juego sobre el campo los británicos lograban sacar petróleo con un gol atípico.

Sin embargo el equipo lombardo siguió con su plan, y acabó teniendo recompensa. Primero con el empate de Mauro Icardi, con una volea que es candidato a uno de los goles del torneo ya desde la primera jornada. El argentino demostró su instinto asesino en Europa, en un marco inmejorable, y una vez más sacaba de un apuro a su escuadra. Luciano Spalletti siguió con su apuesta atrevida y obtuvo poco después, ya cuando el partido terminaba, el premio mayor: los tres puntos con el gol de Matías Vecino, que ajusticiaba a un conformista Tottenham que sigue en crisis. Serán los spurs el siguiente rival del FC Barcelona, un complicado contendiente que llegará sin margen de error.