Una cosa son los números y otras las sensaciones. Nigeria figuraba con un punto en su casillero, pero venía de firmar un decepcionante partido ante Irán, y Bosnia, pese a caer derrotada ante Argentina, comparecía en el choque con la sensación de encontrarse en un buen momento. Sobre el campo, este cruce de estadísticas y sentimientos se tradujo en un enfrentamiento entre un equipo enrabietado y un conjunto algo complaciente. Por eso dominó Nigeria en los primeros minutos. Por fuerza, por voluntad y por pasividad de un rival que cometía más errores de los esperados.

Justo cuando despertaba el combinado bosnio y la conexión Misimovic, Medunjanin y Pjanic comenzaba a tejer juego (el árbitro llegó a anular un gol a Dzeko por fuera de juego inexistente), Emenike le planteó una carrera al aún desconcertado Spahic, el central se fue al suelo con excesiva facilidad y el ariete se plantó en línea de fondo para brindar el 1-0 a Peter Odemwingie.

La segunda reacción del cuadro dirigido por Safet Susic llegó tras el descanso. Las combinaciones en tres cuartos volvieron a funcionar y Bosnia comenzó a asentarse cerca del área rival. Eso sí, cada vez que el balón acababa en los pies de Emenike, Nigeria reaparecía para demostrar que no se iba a rendir fácilmente.

Con el paso de los minutos, las buenas sensaciones que por momentos había dado el conjunto balcánico comenzaron a desvanecerse. Los cambios tampoco funcionaron y los futbolistas se sumieron en el proceso de desesperación previo a una derrota dolorosa. Llegaron las patadas a destiempo, las acciones individuales sin mucho sentido y los reproches.

El 1-0 final deja a la talentosa Bosnia sin opciones de colarse en octavos y demuestra que Nigeria ha sabido reaccionar a tiempo. Con Omeruo mostrando galones en defensa, Obi Mikel asumiendo responsabilidades y Emenike sacando petróleo, las águilas verdes vuelven a volar.

Así jugó Nigeria:

Así jugó Bosnia: