«Nunca dejes de creer». Así reza el lema colchonero y desde luego que sus jugadores lo tienen grabado a fuego. Porque lo siguieron a rajatabla en un duelo que tenía todos los condicionantes para hacer que cualquiera bajara los brazos. Comenzando por el hecho de jugar ante un rival que fue claramente superior, no depender de sí mismos para seguir vivos en Liga de Campeones, y sobre todo porque con un portero como Jan Oblak es más fácil creer en los milagros. El de hoy era más bien un imposible, y así fue.

El Atlético de Madrid sale vivo

Era un partido jugado en dos campos. Se trataba de nadar, guardar la ropa y al mismo tiempo esperar a un favor de terceros. El Atlético de Madrid jugaba contra uno de los grandes de Europa como es el Chelsea, al mismo tiempo contra sus propios nervios y ansiedad, y sobre todo contra su pasado reciente y los errores cometidos especialmente ante el modesto Qarabag, con el que no entraban dos empates en ninguna de las quinielas. Mientras tanto, el Chelsea no reservaba a sus estrellas pero tampoco tenía la presión de los visitantes, de forma que los de Antonio Conte podrían poner en práctica sus mejores armas.

Y esto fue lo que vimos en el primer acto. Sacó Diego Simeone una alineación con algunas precauciones y margen para ser más ofensivo en la segunda parte. Y con Fernando Torres en ataque, no solamente como gran talismán en un estadio que conoce bien, sino con la intención de intentar abrir huecos para Antoine Griezmann y desgastar a la zaga de los blues. De hecho no se puede decir que fuera una mala apuesta por lo visto en el campo, ya que el Niño estuvo muy activo, protagonizó varias jugadas de peligro en los primeros minutos y puso esa dosis de intensidad y ánimo que le hacía falta a un equipo que tenía una auténtica montaña por escalar.

Pero, como decíamos antes, no estaba cualquier equipo enfrente sino todo un candidato al título. Agazapado atrás, el Chelsea esperaba sus oportunidades. ¡Y vaya que las tuvo! De no ser por un soberbio Jan Oblak, que hoy se ha querido reivindicar de nuevo como uno de los mejores porteros del mundo ante otro como es Thibaut Courtois, los atléticos podrían haberse ido perdiendo al descanso. No fue así. El esloveno frenó las acometidas de un Chelsea que, liderado por Eden Hazard y con Álvaro Morata creando peligro constantemente, acosaba la meta visitante con rápidos pero intimidantes zarpazos, de forma que el estéril dominio colchonero era contestado por peligrosas incursiones de un Chelsea que no iba a regalar nada, y que al término de los primeros 45 minutos acumulaba las mejores ocasiones.

Mientras tanto, desde la capital de Italia llegaban buenas noticias porque la Roma empataba con el Qarabag sin goles, El equipo azerí incluso gozaba de sus ocasiones en el primer acto, si bien el dominio era de los giallorossi, que no terminaban de encontrar ocasiones muy claras ni ese gol que les diera tranquilidad. Había por tanto esperanza para los madrileños en ese momento.

Todo abierto hasta el final

Con esta situación, todo era posible. El Qarabag resistía, y Jan Oblak mantenía vivo al Atlético de Madrid en Londres. Siguió haciéndolo durante el inicio del primer acto, cuando los blues tuvieron hasta tres ocasiones claras para adelantarse. De hecho, para quien estaba viendo el partido, era casi inconcebible pensar que el Chelsea no pudiera marcar. Los ingleses desperdiciaban una gran cantidad de ocasiones, y dejaban vivo a su rival, así que lo siguiente que iba a ocurrir era inevitable.

Antes de que los colchoneros se adelantaran en el marcador, llegaba la noticia del gol de Diego Perotti para la Roma. Un jarro de agua fría que pronto se olvidó, porque sin apenas tiempo para asimilar llegaba el gol de Saúl. Un tipo que siempre aparece en los grandes escenarios el ’8’ atlético, que remataba en el segundo palo una jugada a balón parado que antes había ganado Fernando Torres. El último servicio del Niño al club de sus amores en Champions League, con casi toda seguridad.

Llegó en ese momento un tramo de partido en el que el Atlético de Madrid tuvo un mayor dominio de la pelota, aunque siempre pendiente de las noticias que llegaba desde Italia. Quizás por eso el cuadro londinense, que había quedado bastante tocado por el gol, tuvo ánimos para levantarse. Eso y los cambios de Antonio Conte, que reactivaron a su equipo, haciéndolo de nuevo profundo e incisivo. Así hasta que llegó el gol de Eden Hazard (minuto 75), que prácticamente acabó con cualquier esperanza. Mientras tanto, el Qarabag no inquietaba la meta de la Roma, que tranquilamente buscaba el segundo gol, que finalmente no llegó (1-0 final para los giallorrossi).

Al final, el Atlético de Madrid murió de pie (1-1) en Londres, con un empate claramente insuficiente para sus intereses, pero que salva al menos su imagen de cara a jugar la Europa League, pelear por la Liga y la Copa del Rey. Un consuelo en una temporada nada fácil, en la que todavía faltan por llegar dos grandes fichajes (Vitolo y Diego Costa), con un estadio nuevo y muchos rumores sobre una previsible fuga de estrellas. Por otro lado, queda un equipo que, tras varios años acostumbrado a triunfar por toda Europa, está eliminado tras ser incapaz de doblegar al modestísimo Qarabag, con el que sumó dos empates, y que hoy, corazón y coraje aparte, ha sido claramente inferior a una de las escuadras que sí lucharán por reinar en Europa este curso.