Tras el 0-0 de la ida, el Sevilla tenía dos opciones: cerrar filas y esperar con paciencia su oportunidad a la contra o saltar al césped sin complejos y apostar de nuevo por ese fútbol de toque y asociación que, salvo por la ausencia del gol, tan buen resultado le dio en el choque del Ramón Sánchez Pizjuan.

Aunque el escenario invitaba a ser temeroso, Vincenzo Montella planteó un once cargado de talento e instó a los suyos a jugar sin complejos. Sus pupilos así lo hicieron y durante más de 35 minutos dominaron sin mayores problemas a un Manchester United que se limitó a defenderse con cierto orden y a lanzar balones en largo en busca de la cabeza de Romelu Lukaku o la velocidad de Alexis Sánchez y Jesse Lingard.

No es que generara ni tantas ni tan claras ocasiones como en la ida, pero en este primer acto, fue el hispalense el equipo que dio mayor sensación de peligro, gracias al buen trabajo de Steven N’Zonzi y Éver Banega en la medular, el talento de Franco Vázquez en la zona de tres cuartos y la movilidad de Luis Muriel y Joaquín Correa en las cercanías del área. Eso sí, la mejor oportunidad de este periodo cayó del lado del United (minuto 37). De hecho, sólo una buena intervención de Sergio Rico a disparo de Marouane Fellaini evitó que los locales se marchasen al descanso con una inmerecida ventaja.

Wissam Ben Yedder culmina el buen trabajo del Sevilla

El paso por vestuarios nos devolvió un partido mucho más vibrante. José Mourinho entendió que su planteamiento conservador no iba a ningún lado y exigió a los suyos que diesen un paso adelante, intensificasen la presión y, sobre todo, buscasen el área rival con más velocidad e insistencia. Este cambio de guión pudo incluso traducirse en un gol, pero Sergio Rico volvió a meter otra buena mano a disparo de Lingard (minuto 52) y evitó que el United se encontrase con un escenario sin duda soñado.

Superado este susto inicial, el Sevilla recuperó la calma y volvió a crecer en torno a Pablo Sarabia y Wissam Ben Yedder. El primero tomó el testigo de un cada vez más cansado Mudo Vázquez y comenzó a dirigir las acciones de ataque con criterio, y el segundo se encargó de cumplir con la única tarea pendiente de los hispalenses, el gol. De hecho, apenas un minuto después de saltar al campo por un intermitente Muriel, el galo aprovechó un balón en profundidad del citado Sarabia para hacer justicia y subir el 0-1 al marcador.

El tanto provocó una flojera de piernas absolutamente increíble a un un conjunto inglés que, para cuando quiso reaccionar, ya había encajado el 0-2, otra vez obra de Ben Yedder. Aunque Lukaku recortó distancias a poco más de cinco minutos para el final, el Sevilla aguantó el tipo y acabó obteniendo un triunfo de esos que se recuerdan toda la vida, de los que ayudan a reconfortar el alma de un aficionado hasta en los malos tiempos, de los que, incluso, sientan casi tan bien como ganar un título.