Si la salida de un jugador como Neymar, una estrella única y uno de los mejores del mundo, ha provocado un terremoto de grandes dimensiones en Can Barça; se pueden imaginar lo que sucedería con una fuga de Lionel Messi. Algún día lo tendrá que dejar, pero el fondo y las formas serán muy importantes en lo que acontezca la década siguiente en el club. Tiene solamente 30 años pero, si esta directiva todavía no lo ha pensado, deberían considerar cómo gestionar un final que nadie quiere. Si se hace bien, el club pasará el luto sin traumas. Aunque visto lo visto da pavor pensarlo, si es usted aficionado culé. Porque el Camp Nou nunca ha visto ni probablemente verá un jugador tan determinante en el campo, tan decisivo y no solamente por sus goles, sino por la enirme capacidad e influencia que tiene en el juego, en el día a día de la entidad, y en los estados de ánimo de la grada. Hoy ha firmado otra noche europea para enmarcar. Dos goles y una jugada determinante para doblegar a la Juventus de Turín, el coco culé de la pasada temporada y finalista de la Liga de Campeones. La diferencia, con respecto a otras noches europeas de Messi, es que su equipo le necesitaba hoy más que nunca, por todo lo que ha sucedido últimamente.

El partido era más que significativo para el FC Barcelona. Después de todos los problemas del verano, de la clara superioridad del Real Madrid en la Supercopa de España, después de los líos con las casi renovaciones de Messi e Iniesta… La Juventus de Turín se presentaba en el Camp Nou, justo el mismo partido que la temporada pasada cerró la aventura europea de Luis Enrique. Y por momentos vimos muchas cosas de ese encuentro. Las circunstancias y muchos jugadores eran diferentes, pero estábamos de nuevo ante un partido táctico, en el que cada equipo y futbolista tenía un guión claro del que le daba miedo salirse.

La vecchia signora sabía que la clave para detener a los culés es una buena presión alta, y especialmente a jugadores clave. Dar la salida de balón a Samuel Umtiti, tapar a los laterales y a Andrés Iniesta y Sergio Busquets, de forma que fueran el francés e Ivan Rakitic los que construyeran el juego desde atrás. En muchas ocasiones el cuadro bianconero tuvo premio y logró recuperar balones, si bien después no tuvo tanta mordiente en ataque como el año pasado. Tampoco mostraban mucha los locales, con un Luis Suárez siempre activo en la presión y en la búsqueda de desmarques, y un Ousmane Dembélé que apunta maneras, pero que claramente no está adaptado al estilo ni al equipo. Tampoco sus compañeros a él, pues cuesta ver la banda derecha muy poblada con el galo en ella mientras la izquierda queda prácticamente desierta a la espera de las subidas de Jordi Alba. Valverde quiere darle más protagonismo, pero no le vendría mal un compañero de fatigas.

En cambio en la diestra, Nelson Semedo sigue haciendo méritos para ganarse el puesto definitivamente, pues a sus constantes subidas por la banda une una gran capacidad defensiva y un sentido táctico que aporta grandes soluciones a su equipo. Pero como decíamos antes, el partido se movía por derroteros tácticos, a la espera de que los genios resolvieran. Bien pudo hacerlo Luis Suárez en el rechace de una falta botada por Messi, pero Gianluigi Buffon lo evitó con una gran parada. Tampoco Paulo Dybala estuvo acertado, ni Gonzalo Higuaín. Y hasta el final del primer tiempo, tampoco un Lionel Messi a quien Blaise Matuidi sujetó bastante bien, y que no pudo hacer demasiado daño organizando el juego, desbordando y generando peligro. Hasta que, en una de las pocas ocasiones en las que el cuadro culé se zafó bien de la alta presión juventina, Ousmane Dembélé cogió un balón en el centro del campo, cambió de ritmo y se asoció con Lionel Messi. El 10 cabalgó por su zona preferida del campo y encontró a Suárez, con quien hizo una pared antes de batir, por primera vez en su vida a Buffon. El argentino está en un excepcional estado de forma y volvía a marcar diferencias con un gol psicológico.

Se desata el cuadro culé

Con el viento a favor por el resultado y por las últimas victorias, el combinado azulgrana comenzó el segundo acto con más seguridad. Se mostraba especialmente en las acciones defensivas, en las que los zagueros ganaron contundencia. Y también en la salida de balón del conjunto culé, mucho más fluida en ese segundo acto, en el que también el club piamontés llegaba más tarde a todas las acciones del juego y especialmente a esa presión alta. Si a esto le sumamos que Paulo Dybala falló su ocasión más clara nada más comenzar el acto, y que Lionel Messi remataba poco después al palo, la vecchia signora se empequeñeció. Justo a la par que se agigantaba la figura del argentino, que espoleado por el gol del primer tiempo comenzaba a aparecer por todas partes.

Un error de los italianos lo aprovechó la Pulga para aparecer por el flanco diestro, como en sus inicios como extremo, rompiendo la zaga juventina y metiendo un balón al área pequeña, para que Ivan Rakitic recogiera el rechace. Era el 2-0, gol que daba más ventaja a los locales, y que convertía el partido en un ida y vuelta que obviamente beneficiaba a los azulgranas, que con espacios encontraron mucho terreno para hacer daño a la Juventus. Lionel Messi hizo su segundo gol de la noche, un tanto marca de la casa a palo cambiado, y certificaba la goleada y un cambio de tendencia con respecto a lo visto hace pocos meses.

Mientras tanto Sergi Roberto y Paulinho tuvieron minutos (habrá que ver cuál es el peso real del canterano en el proyecto de Valverde, porque con Semedo el lateral diestro parece tener ya dueño). También vimos a André Gomes, mientras la Juventus se estrellaba sin éxito ante un gran Marc-André Ter Stegen, que solventó las ocasiones que tuvo sin mayores complicaciones. Al final, el FC Barcelona suma sus 3 primeros puntos y da un primer golpe importante sobre la mesa en esta temporada. Es solo septiembre, pero parece que hayan pasado años desde lo sucedido hace un mes en el Santiago Bernabéu. En el fútbol, todo es posible y con Lionel Messi más.