Al mediar menos de una semana entre los dos partidos, evidentemente estamos siempre muy condicionados por lo visto en el duelo de ida antes de comenzar este encuentro. También por el resultado porque es una eliminatoria y lo importante es pasar de ronda. Lo sabe bien el cuadro rojiblanco, que acaba de alcanzar su tercera semifinal en cuatro años. Desde luego los de Diego Simeone saben competir en Europa y su entrenador ha dado con la tecla. La apuesta por José María Giménez podía parecer de inicio demasiado temerosa, pero seguro que el entrenador argentino vio lo que le pasó al Sevilla hace poco más de un mes. Y quiso evitarlo sacrificando a un delantero y poniendo al uruguayo junto a Gabi en la medular.

¿Resultado? Una primera parte de contención, de cautela y pocas ocasiones por parte de ambos equipos. Bueno especialmente en la primera media hora, hasta el gol de Saúl. Pero antes de eso apenas hubo ocasiones reseñables, solamente una de Okazaki en uno de los pocos desajustes de la zaga colchonera en el minuto 21. Mucha disputa por el balón en esos primeros compases, si bien acabó favoreciendo esta pelea al equipo colchonero, que tenía el resultado a favor y sabe manejarse con más experiencia en este tipo de situaciones. Cero riesgo para evitar sustos, dejar correr el tiempo y esperar el momento para dar un golpe que podría ser definitivo.

Ese mazazo llegó por donde cabía esperar, por la banda de un Filipe Luis que está haciendo una recta final de temporada sencillamente espectacular. El Atlético de Madrid cargó casi todo su juego ofensivo por ese flanco, hasta que en el minuto 26 el brasileño encontró a Saúl llegando desde la otra banda, cruzó un centro medido para la entrada del canterano colchonero, que cruzó perfectamente ante Kasper Schmeichel. Un gol típicamente inglés para poner tierra de por medio en casa del campeón de la Premier League y enfilar el camino a semifinales.

El Leicester City asusta

Quizás esto último fue el error del Atlético de Madrid, creer que la eliminatoria encarrilada, sentenciada a falta de 45 minutos. Pero esto es la Champions League y nunca sucede esto (o casi nunca). Comenzamos por el descanso, ya que Craig Shakespeare decidió mover ficha y dar entrada a Leo Ulloa. Se jugaba el todo por el todo el entrenador de los foxes, como es lógico porque necesitaba tres goles para voltear la eliminatoria. Y como decíamos antes, los colchoneros se echaron para atrás. Giménez dio dos pasos hacia la retaguardia y todo el equipo también.

Pero esto quizás olvidaron los rojiblancos que estaban en Inglaterra, frente a un equipo que la temporada pasada supo sacar buenos resultados con pocas ocasiones. Así que la segunda parte fue de claro dominio local, con varias ocasiones encadenadas hasta que en el minuto 60 Jamie Vardy encontraba premio para los ingleses, aprovechando un barullo en el área del Atlético de Madrid. Un gol que hizo mucho daño a los españoles, pues quedaba media hora y apenas salían de su área.

En los siguientes cinco minutos siguieron encadenando los británicos nuevas ocasiones, llegaron a creer en el milagro. Pero enfrente estaba una de las mejores defensas de Europa (y uno de los mejores porteros), que puede haber quedado seriamente mermada por las lesiones de Filipe Luis y Juanfran. Así que no se movería el marcador en el resto del partido, que transcurrió entre intentos cada vez más débiles de los ingleses frente a un Atlético de Madrid que se fue creciendo e incluso pudo aumentar las distancias en alguna contra. Pero no le hizo falta al club colchonero, que acaba de hacer historia al entrar por tercera vez en cuatro años en semifinales. Buscarán ahora su tercera final de nuevo en este siglo XXI y con todo merecimiento, sin duda