Los milagros sol escasos, por eso ver dos en apenas mes y medio se antojaba imposible. Además todo el mundo sabía que la Juventus de Turín no era el PSG, como lleva demostrando toda la temporada con una gran solidez defensiva. Tampoco el cuadro culé es el de otros tiempos. A estas alturas no vale solamente la fe y ni siquiera la calidad individual de sus estrellas es suficiente. Sobre todo porque hablamos de eliminatorias de 180 minutos de los cuales no puedes desperdiciar ni uno. Ayer lo comprobamos por ejemplo en el Santiago Bernabéu. Y en FC Barcelona desperdició sus opciones en Turín hace una semana.

Partiendo por tanto con ese 3-0 de desventaja, los azulgranas salieron con su esquema clásico y su alineación de gala. Luis Enrique sabía que esta vez un gol en contra si era letal y, pese a que en la previa habló de marcar 5 porque encajarían 1, estaba claro que iba de farol. Mientras tanto, Massimiliano Allegri estaba decidido a no repetir el error de Unai Emery. De forma que en los 15 primeros minutos, con su esquema 4-2-3-1 adelantó mucho las líneas, presionó alto como en el encuentro de ida y generó bastantes problemas a los culés. De hecho tuvieron los bianconeri las mejores ocasiones por medio de Cuadrado, Dybala o un errático Gonzalo Higuaín.

Pero también se vio que esa apuesta tenía riesgos y era dejar muchos metros a la espalda con la voraz MSN siempre alerta. Así que, pasada esa euforia inicial, los piamonteses se echaron para atrás y la entidad catalana dominó el resto del tiempo. De hecho apenas inquietaron los italianos, apenas con un remate blando de Gonzalo Higuaín en semivolea. Antes de eso Lionel Messi, Sergi Roberto o Andrés Iniesta gozaron de buenas oportunidades. Especialmente sorprendente fue el fallo del argentino en el único error de la zaga transalpina en todo el primer acto. Mientras tanto, Neymar se desquiciaba al no poder romper líneas como acostumbra y veía una peligrosa tarjeta amarilla. Luis Suárez no aparecía y como decíamos antes Messi no estaba nada fino. La buena noticia en ese momento para los de Luis Enrique era mantener la portería a cero y haber minimizado el impetuoso inicio de su rival. La mala, que el tiempo corría claramente en contra.

Y la lata no se abrió

Evidentemente, si al inicio del partido ya el tiempo jugaba a favor de la vecchia signora, conforme pasaban los minutos esto era cada vez más evidente. Porque sin comenzar por el primer gol la remontada es imposible. A los catalanes solamente les quedaba la épica y la locura. Así que la segunda parte transcurrió por esos derroteros de locura con un FC Barcelona cada vez más volcado en ataque, con Gerard Piqué sumándose al frente ofensivo desde el primer momento, pero descuidando su defensa y permitiendo esas contras que en el primer acto fueron contenidas. No quedaba otra. Y esta vez ocasiones hubo, desde luego. Pero como decíamos antes, no tenía nadie el día y especialmente Lionel Messi. Esta vez apareció pero no estuvo nada acertado. Quizás es que nos tiene acostumbrados a una puntería fuera de lo normal, porque hoy lo vimos más humanizado que nunca.

Porque en ese segundo acto el conjunto azulgrana tuvo muchas ocasiones. Llegó a la portería de Gianluigi Buffon más que nunca, pero cada vez con mayor ansiedad, como era de esperar. Luis Enrique introdujo a Paco Alcácer por Ivan Rakitic, y al poco Allegri reaccionó dando entrada a Andrea Barzagli por Paulo Dybala, con lo que las ideas para los últimos minutos estaban claras. Y evidentemente vimos lo mismo que desde el minuto 15, dominio apabullante de los azulgranas pero sin concretar sus ocasiones. Hoy desde luego nada se puede reprochar en cuanto a intensidad y ganas a los de Luis Enrique, pero sí hace una semana, cuando esta eliminatoria quedó vista para sentencia.

Quizás también sea que la remontada ante el PSG solamente fue un espejismo, alargar una agonía que se anunciaba desde hacía tiempo. El golpe es duro y además este equipo no llega en las mejores condiciones para jugarse la Liga en el Santiago Bernabéu el domingo. Aunque quien sabe, en el fútbol todo es posible. Le queda seguro a Luis Enrique la final de Copa del Rey que es donde se despedirá del banquillo azulgrana, y pase lo que pase lo hará ya con un gran palmarés. Aunque está claro que su proyecto ha ido de más a menos y siempre excesivamente dependiente de una MSN que en estos tres años ha mostrado ser uno de los ataques más formidables de la historia del club, pero al mismo tiempo su talón de Aquiles hasta el punto de condicionar todo el modelo de juego que tantos éxitos había dado en el pasado. Será reto del siguiente entrenador decidir lo que debe cambiar en este equipo que apenas tiene fondo de armario y con muchas carencias en todas las líneas. Demasiados jugadores del mismo perfil y varios que no han dado el nivel para una escuadra de esta clase. A la espera de lo que pase el domingo, hoy puede haber sido el fin de un ciclo y el inicio de otro en el que seguramente haya muchos jugadores de la plantilla que no tomarán parte.