Se cerraban esta noche los octavos de final de una Liga de Campeones que nos han dejado muchas sorpresas y remontadas inesperadas. Debía por tanto estar avisado un FC Barcelona que además se trajo de su visita al Olympique de Lyon un resultado engañoso (0-0). Ni malo ni bueno. No permitía confianzas pero tampoco animaba a lanzarse a tumba abierta. Un ejercicio de nadar, agradar y a la vez guardar la ropa de esos que a Ernesto Valverde le provocan críticas casi siempre, haga lo que haga. Si caes eliminado es un fracaso mayúsculo, aunque repitas Doblete. Y si ganas solamente es un paso más, un escalón clave a la espera de los decisivos tras el parón de selecciones. Y enfrente una escuadra francesa que mostró muchas debilidades defensivas en la ida pero también bastante colmillo en ataque. Hoy si cabe todavía más afilado con Nabil Fekir en liza. A cambio, el combinado catalán jugaba en casa, ante su público y con casi todos sus efectivos a disposición. Finalmente Philippe Coutinho era de la partida tras el percance físico de Ousmane Dembélé el pasado sábado, con quien se aconsejaba precaución, y que por tanto iniciaba el duelo desde el banquillo. Una última ocasión de oro para que el brasileño mostrara su valía y el porqué de ser el fichaje más caro en la historia del club.

El brasileño, igual que todo el equipo, salió sin duda enchufado. Se notan las grandes noches de Champions League en estadios habitualmente fríos como el Camp Nou. Pasada la clásica pitada al himno más bonito del fútbol y las también habituales reivindicaciones políticas, el fútbol se abría paso. Dos equipos sin complejos, lanzando presión alta con la que intentaban robar el balón arriba. Aunque en pocos minutos se acababa imponiendo la lógica futbolística y los culés pasaron a dominar el encuentro. En apenas 4 minutos acumularon ya tres ocasiones claras en las que se vio también ese talón de Aquiles del Olympique de Lyon, la fragilidad defensiva. Anthony Lopes hubo de emplearse a fondo para evitar el primer gol ante un cuadro culé muy intenso, como solamente se le ha visto en Europa esta temporada y no en todos los partidos. Parece claro que la Orejona es la gran obsesión de la plantilla porque se ve al equipo azulgrana más metido que en otros duelos. Incluso es habitual observar a Lionel Messi recuperar balones cerca del área propia. En ese sentido parecen haber aprendido la lección de la temporada pasada, aunque se echa en falta más contundencia en muchos momentos. Sobre todo ante zagas como la francesa, experta en conceder regalos cada pocos minutos. Aun así poco tardaron los azulgranas en abrir la lata, pero fue de penalti. Lionel Messi lo transformaba a lo Panenka tras una falta infantil de Jason Denayer ante Luis Suárez, no exenta tampoco de polémica porque pareció penalti en directo pero no lo pareció en la repetición. El caso es que los culés abrían al fin la lata y comenzaban a encauzar el partido.

Aun así, tres minutos después Moussa Dembélé tuvo la más clara de los visitantes en el primer acto, mandando fuera un balón que parecía franco para empatar. En la siguiente jugada se lesionaría el portero de los galos, con un parón de casi 5 minutos de por medio que para nada sacó del partido a los locales, que volvieron con ganas renovadas y ampliaban las diferencias en el 31’, por medio de Philippe Coutinho, a quien un gran Luis Suárez, con una maniobra individual de mucha calidad, dejaba solo para que anotara a placer. Era un tanto para dar tranquilidad, y que sumió a los azulgranas en un buen momento que no supieron aprovechar sus delanteros con ese tercer gol que liquidara el choque definitivamente. Así que los franceses dieron, en los compases finales del primer tiempo, un paso adelante que auguraba una segunda parte en la que el equipo de Ernesto Valverde debería esperar pacientemente a tener espacios (que ya los estaba encontrando), para sentenciar. Mención notable merece el gran control del juego ejercido por Arthur Melo y la seguridad defensiva de Clément Lenglet, que solventaba con éxito todas sus intervenciones. El FC Barcelona aceleraba de la mano de Messi, Alba y un atrevido Coutinho que pareció por momentos espantar fantasmas pasados. Sin embargo la mejor versión del argentino no aparecía aún para sentenciar un duelo que todavía tenía incertidumbre ante la siempre posible aparición de cualquier accidente.

Sufrimiento y goleada

No sabemos si sería eso lo que pensaba el FC Barcelona al salir del descanso, pero la segunda parte dejamos de ver ese control y ambición del cuadro culé. No es la primera vez en esta temporada que el equipo se relaja cuando ve los partidos aparentemente encarrilados. Y además si veían la opción clara de hacer gol con las facilidades que da el rival, en este caso el Olympique de Lyon, era todavía más fácil caer en la trampa. Cierto es que poco antes del gol de Tousart, que sembró el pánico en el Camp Nou, tuvo Lionel Messi una ocasión clara en la que extrañamente no se entendió con Luis Suárez. Estaba el 10 más fallón que de costumbre, ya que como en la ida no terminaba de acertar de cara a la portería rival. Entre eso y el claro bajón en el ritmo del partido todo quedaba más que abierto, porque además los azulgranas eran un manojo de nervios atrás, y perdieron el control en el centro del campo conforme Arthur fue perdiendo capacidad física. Fueron, los minutos que iban desde el 57 al 67, sin duda los peores del combinado culé, en los que el miedo a la eliminación sobrevoló el estadio.

El Olympique de Lyon también tuvo en ese momento algunas oportunidades, como un tiro aparentemente franco de Nabil Fekir. Ernesto Valverde reaccionó dando entrada a Ousmane Dembélé para buscar alguna contra conforme los galos dejasen espacios, y también a Arturo Vidal para sostener una medular que hacía aguas. En apenas pocos minutos los culés se serenaron, cada vez quedaba menos tiempo y nada sucedía. Hasta que decidió el de siempre. Aparentemente desconectado del juego en la segunda parte, Lionel Messi marcó el gol de la tranquilidad con una definición marca de la casa, tras un recorte con el que sentó a dos defensas rivales. El argentino quiere la Champions League y pese a perdonar anteriormente varias opciones claras, no perdonó en la más importante de todas, anotando con la derecha en un gol tan bello como con cierto suspense.

El resto del partido fue un intento a la desesperada de los franceses por buscar la meta azulgrana y una entidad catalana buscando aumentar la diferencia a base de contrataques. Cosa que sucedió dos veces más, con los goles de Gerard Piqué y Ousmane Dembélé tras sendas conducciones de un Lionel Messi ya omnipresente en todos los ataques de su equipo. Una goleada quizás un tanto engañosa pero que tiene el propósito inicial del club: meterse en octavos de final. Algo que deja un cierto sabor agridulce por los malos minutos del inicio de la segunda parte, mal gestionados por el equipo. Sin embargo, la goleada cargará de moral a la plantilla, aunque deja al club en la misma posición que hace un año. Ahora llegarán los cuartos de final, de quien se conocerá el rival este viernes. El FC Barcelona, no obstante, debe seguir mejorando cuando lleguen las rondas más exigentes. La buena noticia es que Messi vuelve a estar certero, Luis Suárez decisivo con su pujanza y la defensa, salvo el tramo inicial de la segunda parte, sólida como en las mejores ocasiones.