Después del enfrentamiento entre clubes ingleses del pasado miércoles con motivo de la final de la Europa League que se terminó llevando el Chelsea (4-1), dos conjuntos de la Premier League han vuelto a verse las claras. En esta ocasión el título que se jugaban era el de proclamarse mejor equipo de Europa de la temporada.

En un Metropolitano engalanado para la ocasión y repleto de unos aficionados ingleses que han llegado a tropel a Madrid y han dejado sin reservas de cervezas a la ciudad, Liverpool y Tottenham han sido protagonistas de la segunda final de Liga de Campeones que ha enfrentado a dos conjuntos de las islas. Por un lado, el eléctrico Liverpool de Jürgen Klopp. A las puertas de desbancar al Manchester City en la competición doméstica después de una vibrante temporada, el cuadro de Anfield ha sido capaz de dejar a varios de los favoritos para el título europeo, como son los casos de Bayern Múnich o FC Barcelona, conjunto este último contra el que protagonizó una inolvidable remontada.

Enfrente, el Tottenham. Capaz de alcanzar la final después de una serie de milagros de última hora ante Manchester City y Ajax, el equipo entrenado por Mauricio Pochettino se presentaba como víctima propiciatoria. Sin embargo, después de ver las evoluciones de los Son, Eriksen y compañía, a buen seguro que los aficionados del Liverpool no estaban tranquilos en la previa.

El Liverpool golpea primero

Todavía no lo había merecido cuando el Liverpool abrió el marcador. Lo hizo por medio de Mohamed Salah desde el punto de penalti. El futbolista egipcio se aprovechó de una pena máxima tan absurda como clara de Sissoko al tocar con el brazo un centro de Sadio Mané. Todavía no se había cumplido el primer minuto y los de Jürgen Klopp ya estaban por delante.

Lejos de suponer un estimulo para el desarrollo del choque, el gol se tradujo en un notable adormecimiento. El Tottenham intentaba hacerse con el control del esférico, pero no era incapaz de sacar las uñas para crear peligro. El Liverpool se encontraba cómodamente agazapado y metía el miedo en el cuerpo con la profundidad de sus laterales (fueron precisamente Arnold en el 16 y Robertson pasada la media hora los que más cerca estuvieron de ampliar la ventaja). En ataque era Sadio Mané el que más trabajaba mientras Mohamed Salah se mostraba muy individualista y Firmino estaba prácticamente desapercibido y su única aportación eran los tan bien valorados por algunos intangibles.

Llegaba Jürgen Klopp a la noche de hoy después de haber perdido las seis últimas finales en las que ha estado (dos con el Borussia Dortmund, cuatro con el Liverpool) y en la previa se mostraba molesto cuando era preguntado por su papel de “perdedor”. El germano señalaba que «Cada final es diferente.... Si yo fuera la razón de haber perdido seis finales estaría preocupado». Y lo cierto es que tiene razón, pues en la mayor parte de estas derrotas en finales había sido el técnico del equipo inferior. Hoy los suyos partían con ventaja en las apuestas y ha sabido llevar el choque a su terreno.

El Tottenham no puede

Fue precisamente con el 1-0 del primer minuto con el que los veintidós futbolistas se marchaban a vestuarios antes de una segunda parte que a la vista de lo ocurrido en el devenir de la competición esta temporada se presentaba como una auténtica incógnita. La segunda mitad también transcurrió entre bostezos. Al menos, la primera media hora. Daba la sensación que el Liverpool no quería. El Tottenham no podía. Los de Londres no encontraban su juego y se veían incapaces de encontrar alguna grieta red. Y llegó el turno de los héroes de semifinales. Primero era Jürgen Klopp el que en el minuto 57 decidía dar la alternativa a Divock Origi, que ocupaba el sitio de un Firmino que evidenció no estar en su mejor momento físico después de la lesión. En el 65 fue Lucas Moura el que pisaba en césped relevando a Winks. Claves en las eliminatorias ante FC Barcelona y Ajax, los dos actores secundarios querían volver a ser protagonistas en la consecución del título continental.

El tiempo se acababa y el Tottenham por fin se percató de lo que se le estaba escapando entre los dedos. Así, desde el minuto 70 dio un acelerón en su juego con la intención de arrinconar al Liverpool. El público bramaba cada vez que el esférico rondaba el área y el coreano Son intentaba echarse el peso del equipo a la espalda. Sin embargo, el asiático carecía de compañía. Harry Kane estaba muy lejos de su mejor versión, Dele Alli no conectaba con la pelota en zona de ataque y se veía obligado a retrasarse para ayudar a armar la jugada mientras Eriksen se perdía en tierra de nadie.

Alisson repelía un tiro desde la frontal del área en el 80 y Lucas era incapaz de conectar con fuerza el rechace. Y es que el guardameta brasileño ha demostrado durante esta temporada la diferencia que supone para un equipo el contar con un guardameta de primer nivel bajo lo palos. Fue precisamente el internacional canarinho el que sacó un buen lanzamiento de falta del danés Eriksen cuando faltaban cinco minutos para la conclusión.

Divock Origi pone la puntilla

Después de lo que había ocurrido en las eliminatorias ante Manchester City y Ajax, el Tottenham todavía se atrevía a soñar con el milagro. Sin embargo, sí que hubo dos sin tres. Divock Origi se encargaba de sepultar las esperanzas de los de Pochettino a tres minutos del final aprovechando un balón franco en el área a al salida de un córner. El belga volvía a aparecer en un momento clave para alojar el segundo balón del partido en la portería de Hugo Lloris. El Liverpool es el nuevo campeón de Europa.

Con su victoria frente al Tottenham el equipo de Mersey alcanza su sexto título de campeón de Europa, lo que le coloca tercero en este aspecto tras Real Madrid (13) y AC Milan (7). Por detrás quedan ahora FC Barcelona y Bayern Múnich, a los que precisamente ha dejado por el camino en esta temporada.

Además, la escuadra inglesa pone punto y final al reinado español en la máxima competición continental. Y es que en el último lustro los títulos han sido monopolizados por los clubes de nuestra Liga con cuatro campeonatos para el Real Madrid y uno para el FC Barcelona. Del mismo modo, esta victoria devuelve el título de campeón continental a un equipo de la Premier League después de que el Chelsea de Roberto Di Mateo lo lograra en 2012. Será precisamente la escuadra de Londres con la que se jugará la Supercopa de Europa el próximo verano.