Después del 0-1 de la ida, la remontada del propio Manchester United ante el PSG y la del año pasado en Roma, el FC Barcelona partía avisado esta noche pero con todo a favor para intentar meterse por fin en las semifinales de la Liga de Campeones, ese territorio que no se pisa desde 2015 y que los hombres de Ernesto Valverde buscaban hoy con todas las precauciones posibles. Los culés han sacado su once de gala ante un equipo inglés que buscaba claramente la velocidad de sus puntas por la alineación que ponía Ole Gunnar Solskjaer en el Camp Nou esta noche, reservando a Romelu Lukaku y apostando por Anthony Martia y Jesse Lingard para acompañar a Marcus Rashford. El Txingurri se guardaba la carta de Ousmane Dembélé y daba la titularidad a Sergi Roberto para poseer más control en el centro del campo. Pero lo que tuvo en los primeros minutos fue nervios. Los precedentes de los años anteriores, quizás, o el gran inicio de un Manchester United que tuvo diez minutos al FC Barcelona a su merced. No se llevaban ni dos minutos de juego cuando Marcus Rashford y McTominay dispusieron de dos ocasiones claras que no acertaron en la meta de Ter Stegen. El disparo del delantero se fue al larguero a los 55 segundos, y el escocés no acertó a controlar cuando se quedaba solo ante el alemán. En el bando azulgrana se sucedían los errores tontos en defensa, una salida de balón lenta y temeraria y apenas aparecía Lionel Messi.

Pero poco a poco el guión cambió. El cuadro culé retomó el control, de la mano de un gran Ivan Rakitic que demostró por qué su técnico jamás contemplará perderlo, ya que es el jugador que cose a este equipo y evita que se parta en dos. El croata sostuvo el temeroso centro del campo local, Jordi Alba comenzó a dar una salida aseada de balón y la estrella argentina emergió al fin de las sombras. Llevaba desde 2013 sin marcar en unos cuartos de final de la Champions League. Demasiado tiempo de racha negativa, y hoy al fin se rompió. Además con un gol de esos que un servidor no se cansa de ver. Caño a Fred en el perfil diestro del ataque tras una pérdida de los diablos rojos en salida; otea el panorama y ve espacio, se perfila hacia la frontal del área y suelta un zurdazo medido al palo largo, en su jugada favorita, la que es quizás para él más letal que los penaltis. Por cierto que antes de ese gol en el minuto 16 el colegiado Felix Brych había pitado un penalti para los catalanes que luego denegó al consultar al VAR. Fue en el primer acercamiento peligroso de los azulgranas al área inglesa, y el punto de inflexión para este partido que comenzó entonces a parecerse a lo previsto.

El gol daba tranquilidad a la escuadra española, y por si fuera poco David De Gea se encargaba de llevar el jolgorio a la grada del Camp Nou, con un estrepitoso fallo apenas 3 minutos después de encajar el primer gol. Tan seguro en Premier League y sostén de su equipo en muchos encuentros, el arquero de los diablos rojos dejaba escapar un disparo blando con la diestra de Messi, que ponía el 2-0 en el marcador y ya obligaba a los ingleses a anotar nada menos que tres dianas. Algo que parecía casi imposible porque los de Ole Gunnar Solskjaer habían perdido la pelota, apenas acertaban a hacer daño en los momentos en que presionaban alto, y del lado contrario Messi cabalgaba a sus anchas en un estadio con espacios, esperando aumentar su renta particular y listo para sentenciar el choque. De hecho pudo haber más goles locales, en ocasiones que no supieron aprovechar Sergi Roberto o Luis Suárez.

Coutinho sigue el festival

El partido estaba por tanto de cara para los de Ernesto Valverde y solamente hacía falta saber cómo transcurrirían los primeros minutos para evitar sustos, porque a los ingleses les hacían falta tres goles. Y pronto supimos que asistiríamos a un auténtico festival, en el que el FC Barcelona aprovechó la inercia para lucirse, generar ocasiones, controlar la pelota a su antojo y esperar solamente aumentar la renta. Algo que logró nada menos que Philippe Coutinho en el 61’, después de varias ocasiones más de los culés que seguían acosando a David De Gea con Messi oliendo sangre. Pero era el brasileño el encargado de dar el golpe de gracia a los diablos rojos, con su gol clásico a la escuadra. Lo ha hecho muchas veces, pero en esta seguramente lo necesitaba más que nunca por los delicados meses que ha atravesado hasta ahora. Hoy ha completado un buen partido y además se ha llevado premio.

Solamente quedaba por tanto saber el número de goles final, mientras Ernesto Valverde aprovechaba su clásico carrusel de cambios y daba entrada a Arturo Vidal y Ousmane Dembélé, que tendría unos pocos minutos para seguir con su puesta a punto y aprovechar los espacios que el combinado de Old Trafford dejaba en su afán por ir al ataque. De hecho apenas sucedieron cosas en los instantes finales, más allá de una parada de Ter Stegen o bien otra de De Gea a tiro de Messi en el descuento. De manera que el 3-0 acabaría siendo el resultado definitivo.

Al final, un año después, Lionel Messi ha logrado espantar sus propios fantasmas en esta ronda maldita, y los de su equipo, al que en los primeros minutos se vio atemorizado. Con la Liga en el bolsillo y la Copa aparcada hasta el 25 de mayo, ahora el conjunto azulgrana tiene dos partidos de semifinales, previsiblemente duros ante seguramente el Liverpool, para alcanzar una nueva final europea, que en este caso será en Madrid. Y seguramente con la posibilidad de que el FC Barcelona pueda dar descansos a sus hombres más importantes en Liga para preparar esos compromisos. Aunque seguramente las mejores noticias para los catalanes son que Messi no va de farol, que Philippe Coutinho recupera su nivel, la zaga sigue firme y todas las piezas se afinan para el mejor momento de la temporada, que ya ha llegado. ¿Habrá tercer triplete?