Cuando el pasado mes de diciembre al PSG le cayó en el sorteo el Manchester United, después de haber sido primero en un grupo sumamente complejo, seguramente pocos esperaban lo que sucedería dos meses después. Ocurre demasiadas veces porque hay un gran espacio de tiempo entre la primera y la segunda fase, los equipos cambian y en el fútbol todo va deprisa. Entonces los franceses no celebraron tener un rival asequible pero sí se alegraron de evitar a otros cocos que eran segundos de grupo. Sin embargo, todo cambió al día siguiente de ese emparejamiento. José Mourinho era cesado, Ole Gunnar Solskjaer tomaba las riendas del equipo y el resto lo conocen: los diablos rojos han cambiado de cara, siendo ahora un equipo mucho más fiable y ganador, que apenas se ha permitido tropiezos. En cambio los galos, aterrizaban en esta cita con más dudas y sobre todo con bajas. Edinson Cavani y Neymar se lo perdían por lesión, lo que dejaba al equipo de Thomas Tuchel sin dos de sus armas más peligrosas en ataque.

Los diablos rojos, espoleados por su hinchada, por este tipo de escenarios que bien dominan históricamente y también por su gran estado de forma, salieron al campo con mayores bríos. Presión alta y asfixiante con el 4-4-3 claramente definido por el técnico noruego y tres atacantes jóvenes y dinámicos para ejercer ese primer asedio defensivo bien alto: Ligard, Martial y Rashford. Aunque al PSG, quizás escarmentado de otras temporadas y con el sello evidente de un gran trabajo de Thomas Tuchel, no le pesaba en absoluto este panorama. De hecho se empeñaron los galos en mantener su apuesta de sacar el balón jugado desde atrás, bien comandado por Marco Verratti, con Marquinhos como mediocentro y un Dani Alves que ubicado como falso extremo/interior pierde toda su capacidad de sorpresa y resulta prácticamente inocuo en ataque. En resumen, vimos una primera parte de mucho rigor táctico, con las espadas en todo lo alto y dos escuadras que tenían más preocupación por no cometer errores que por generar un torrente constante de ocasiones. Esto provocó que las viéramos prácticamente con cuentagotas.

Kylian Mbappé tuvo la más clara (28’) al plantarse solo ante De Gea y errar en la definición cuando trataba de superar al meta español. Antes su compañero Ángel Di María también gozó de la primera clara del encuentro, si bien los ingleses respondieron en los siguientes minutos con sendas jugadas de Marcus Rashford y una espectacular internada de un intermitente Paul Pogba, en la que hizo alarde de toda su potencia y técnica para inquietar a Gianluigi Buffon. Por lo demás, mucha pelea en el centro del campo, una batalla constante por la pelota que acabó derivando también en diferentes jugadas de juego brusco, que el árbitro italiano solventó con varias amarillas repartidas por ambos bandos. En ese momento también hubo una pequeña dosis de polémica por una carga de Ashley Young sobre Ángel Di María cuando ya tenía una cartulina, y que acabó con el Fideo cayendo sobre las vallas de la grada de Old Trafford. Más allá de eso, una batalla de desgaste y táctica, con dos equipos tratando de no ceder terreno y esperar su ocasión. Dos factores podrían ayudar al desequilibrio: las citadas tarjetas y también las lesiones, pues Martial y Lingard tuvieron que ser sustituidos por Alexis Sánchez y Juan Mata por sendas lesiones en el bando local.

El golpe de autoridad del PSG

Si bien la primera parte mostró a dos equipos parejos y una interesante batalla táctica, en la segunda parte al Manchester United no le dio el oxígeno para más. La presión alta quedó desactivad por el gran despliegue del PSG, liderado por un genial Marco Verratti, asistido a su vez por Marquinhos, que se multiplicaba en todo tipo de tareas defensivas y ejerció el rol de mediocentro con autoridad y un trabajo impecable. Fruto del control ejercido por los galos llegaría el primer gol, de Presnel Kimpembe, tras un saque de esquina que había forzado David De Gea para evitar un gol de cabeza de Kylian Mbappé. En el corner el guardameta español dudó, y el defensa galo, condicionado todo el partido por una temprana amarilla, mostró su gran capacidad de remate para abrir el marcador. Y el gol acabó mostrándonos la realidad que hasta entonces el marcador ocultaba. El equipo galo sacó todas las carencias del equipo inglés que ya se veían con José Mourinho y que habían quedado disimuladas en estos meses. En especial la fragilidad defensiva, que se puso en entredicho en los siguientes minutos, cuando Mbappé aumentaba las distancias tras una gran jugada con Di María, con una finalización tan estética como la jugada. Y poco después pudo salir por la puerta grande del Teatro de los Sueños el joven francés, como lo hicieran en su día Ronaldo Nazario o Kaká, pero erró en su mano a mano ante De Gea, quizás porque quiso adornarse demasiado. Sin embargo, nos dejó durante todo el encuentro un repertorio inigualable de carreras, cambios de ritmo, un muestrario de su potencia y capacidad de remate. Algo raro tiene que pasar para que no gane este chico varios Balones de Oro…

Pero volviendo al partido, el hecho de doblar la ventaja y dar un golpe a la eliminatoria provocó que el PSG se dedicara especialmente a no pasar apuros, sobre todo después de que Thomas Tuchel decidiera dosificar a Marco Verratti. Era un buen resultado, los minutos pasaban y los ingleses tampoco mostraron más argumentos como para inquietar a su rival, ya que apenas vimos a Gianluigi Buffon en el tramo final del choque. Es decir, los galos supieron aprovechar su momento en esta eliminatoria, tiraron de oficio y contundencia aun sin dos de sus grandes estrellas y dan un golpe en Europa acercándose a cuartos de final. Tras dos años seguidos cayendo en grandes escenarios como el Camp Nou o el Santiago Bernabéu y dejando una débil imagen, hoy el PSG ha aprendido la lección. Es otro, ha mostrado su candidatura en otro gran estadio del continente y todo ello sin dos de sus referentes. Aunque es justo decir que estamos ante un Manchester United un tanto venido a menos, que por momentos se pareció más al de José Mourinho que al que Ole Gunnar Solskjaer dio forma en las últimas semanas. La vuelta es en tres semanas, y por si fuera poco sin Paul Pogba, que terminó expulsado en el final del partido tras una reacción de impotencia y una nueva noche decepcionante en Europa. Muy mal lo tiene que hacer el PSG para no estar de nuevo en cuartos de final.