Llegaba el FC Barcelona al Georgios Karaiskakis con la moral alta tras la derrota del Real Madrid en Girona, la emoción de la vuelta de Ernesto Valverde a un estadio en el que es tan querido como añorado, y con la ventaja de encabezar el grupo desde su gran actuación la primera jornada ante la Juventus de Turín. Visita a la, a priori, Cenicienta del grupo para intentar lograr una victoria que certificara el pase a octavos de final de forma matemática. Y el entrenador culé apostó para esta reto por una alineación en la que, como sucedió en San Mamés, claramente da a entender que quiere seguir con el 4-4-2 aprovechando la ausencia de Ousmane Dembélé y el gran número de centrocampistas de que dispone. Eso sí, en este caso se presentó en El Pireo con Denis Suárez y Sergi Roberto como falsos extremos, Sergio Busquets como pivote y Paulinho compaginando un gran trabajo defensivo con libertad en ataque para sorprender. Un equipo para tomar pocos riesgos y liberar a Lionel Messi y Luis Suárez de labores defensivas (que en algún momento las asumieron con ganas).

Y si la alineación era perfecto ejemplo de lo que viene buscando el entrenador (resultados, confianza, fiabilidad…), el primer tiempo resumió a la perfección las virtudes y defectos de este proyecto azulgrana. Porque, al igual que en buena parte de esta campaña, que por números está siendo magnífica, el cuadro culé se mostró fiable en defensa pero previsible en ataque. Más oficio que brillantez muestra el FC Barcelona, al que inevitablemente comparamos con épocas anteriores todavía presentes en nuestras retinas. Quizás sin estos precedentes hablaríamos de otra cosa, o no. Pero el caso es que el conjunto catalán deja tantas dudas como esperanzas en este inicio de curso. Hoy tenía un rival inferior al que encontró el sábado en San Mamés, y por eso dominó tranquilamente el juego, concediendo pocas ocasiones en defensa, siempre con la garantía de que Marc-André Ter Stegen puede resolver cualquier problema atrás, que si lo hubo fue más por la falta de sincronización de la pareja de centrales (especialmente de un errático Javier Mascherano), ya que con Valverde, a diferencia de lo que sucedía con Luis Enrique, los laterales tienen más claro su rol.

El cuadro culé, eso sí, fue quin gozó de las grandes ocasiones de ese primer acto, casi todas ellas por medio de un Lionel Messi que es la única luz que brilla en la niebla que en ocasiones es el frente ofensivo barcelonista. El argentino se movía por todo el campo, tiraba paredes, buscaba abrir el campo, atraía rivales… Y encontraba en Denis Suárez a un gran socio, un jugador que junto a Paulinho parecen entender perfectamente lo que quiere el argentino. Suyas fueron las dos ocasiones más claras, pero Proto estuvo atento e impidió que la Pulga le batiera para adelantar a los visitantes. Mientras tanto, Luis Suárez trataba de reencontrarse a sí mismo, o más bien al gol, con sus habituales dosis de esfuerzo y trabajo sin balón. En definitiva, daba la sensación de que si el FC Barcelona ponía una marcha más, podría decantar el duelo en una segunda parte en la que entraría Gerard Deulofeu por la lesión de Sergi Roberto, poco antes del descanso.

Todo sigue igual

En la segunda parte, con la entrada del citado Delufeou por la derecha, unido al hecho de que el FC Barcelona quería los tres puntos, las ocasiones para los visitantes fueron mucho más numerosas. De hecho, por números y sensaciones al final del choque podríamos concluir que los de Ernesto Valverde merecieron la victoria hoy, si bien a este equipo, como dijimos antes, hay que exigirle más por lo que es capaz de hacer, como ha demostrado. Y especialmente porque tiene a un jugador superlativo como Lionel Messi. No es que tengamos que exigirle más al argentino, que estuvo en todas las jugadas de peligro, sino que no deja de ser extraño que el club azulgrana se quede sin marcar con el gran potencial ofensivo que tiene.

Tal situación puede explicarse por varios factores. Sigue el gafe, la mala suerte o la falta de acierto, como quieran llamarlo, de Luis Suárez, quien incluso estrelló un balón al larguero. No deja de intentarlo el charrúa y esto es elogioso, pero este inicio de temporada se le atraganta. Y además de su falta de acierto hay algo en su cabeza que tampoco le deja rendir a su mejor nivel, ya sea su lesión en la rodilla o cualquier otro factor. Como muestra, una jugada en la que, en lugar de disparar a portería como pedía la lógica, buscó de nuevo a un Messi que se encontró con el balón sin querer y lo envió fuera.

Aun así, el empate no es ni mucho menos preocupante para los culés, que siguen como estaban en su grupo y, si bien no han accedido matemáticamente a octavos de final, tienen en su mano hacerlo la próxima jornada en Turín. Lo mejor del partido para los catalanes fue sin duda el tramo final, donde se sucedieron las ocasiones, el juego vertical con buenas combinaciones y una gran alegría ofensiva. Pero no siempre le valdrá al FC Barcelona con tener diez minutos buenos, y harían bien en recordarlo los de Ernesto Valverde cuando vengan montañas más exigentes para escalar.