El fútbol hico al fin justicia con Alemania. La constancia de los germanos, su apuesta inquebrantable por Joachim Löw y su peculiar estilo de juego, mezclando el fútbol de toque heredado de España y el tradicional estilo de los germanos, le han dado finalmente el premio más merecido: el Mundial en Brasil. Los teutones hacen historia, por primera vez un europeo logra ganar en suelo americano y nada menos que en Maracaná. Eran los favoritos pero les costó llevarse el duelo. Y fue gracias a una sensacional Argentina que supo frenar el juego de su rival con mucho trabajo, solidaridad y oficio.

Cerca lo tuvieron los de Alejandro Sabella, pero hoy no era su día. Si lo fue el de una generación de jugadores alemanes que, después de estar durante los últimos años cerca de la gloria, hoy la han tocado. Fue de forma épica, en la prórroga (como no podía ser de otro modo) de un buen encuentro con alternativas para ambos equipos. Alemania ya tiene su cuarta corona, en su séptima final, después de meterse en semifinales por cuarta vez consecutiva. La constancia tiene premio, y sobre todo lo tiene el trabajo de un grupo que siempre ha creído en sí mismo.

Un primer tiempo eléctrico

Y eso que las cosas no empezaron bien para los tetracampeones. Como suele ocurrir cada cuatro años cuando el árbitro pita el inicio de la final, el mundo se paraliza. Este es el partido con el que todo futbolista sueña jugar, porque probablemente no vuelva a tener otra ocasión en su vida. Eso es lo que habrá pensado un Ángel Di María, que al principio era el gran ausente de la final, ya que no se recuperó de su lesión. Pero instantes antes del inicio del choque, desde la Federación de Alemania confirmaban que Sami Khedira se había lesionado en el calentamiento. Kramer entró por él, así que este era el primer contratiempo para Joachim Löw. El segundo llegaría en el 31’, cuando tuvo que sustituir al propio Kramer por un golpe que anteriormente se había dado con Ezequiel Garay, y que lo dejó visiblemente aturdido. No era la mejor manera de empezar la final de un Mundial para los germanos, que además tenían ya dos amarillas en la primera hora de juego (Schweinsteiger y Höwedes).

Con todo, la Mannschaft era la que llevaba el peso del juego, dominaba el balón pero se encontró muchas menos facilidades en defensa que ante Brasil. Martin Demichelis, Marcos Rojo y Ezequiel Garay abortaban todas sus ocasiones. La albiceleste no les dejaba jugar cómodamente y no solamente eso: encontraban la manera de hacerles daño. Alejandro Sabella tomó buena nota de lo que había hecho Argelia en octavos de final y se acordó (porque algunos con el 1-7 lo habían olvidado) que la gran debilidad de los teutones estaba a su espalda, porque tienen una defensa lenta. Liderados por Lionel Messi, Ezequiel Lavezzi e Higuaín los sudamericanos lanzaban peligrosas contras con las que estuvieron cerca de tener premio. La más clara la tuvo Gonzalo Higuaín, que en el minuto 21 se quedó solo delante de Manuel Neuer tras un error de la defensa germana. El Pipa no se lo terminó de creer: no era fuera de juego, estaba ante la ocasión de poner por delante a su combinado nacional, podría marcar el gol que daba el Mundial a los suyos… Todas esas cosas debieron pasarle por la cabeza en un segundo. Tiempo suficiente para perder la ventaja que tenía y decantarse por la peor opción: un disparo flojo que se marchó fuera.

Pero no fue el único al que le ocurrió. Toni Kroos también pudo adelantar a los teutones en el 43’ tras un gran pase de Mesut Özil (por fin ha aparecido en este Mundial). El futuro fichaje del Real Madrid se sacó un flojo disparo que Romero detuvo sin problemas. El portero del Mónaco le había salvado a los suyos 7 minutos antes, tras disparo de Schürrle a pase de Müller. Y en el 46’ tuvo suerte cuando el cabezazo de Höwedes a la salida de un saque de esquina se estrellaba en el palo. La más clara de Alemania. Así acababa un eléctrico primer tiempo, digno de una final de un Mundial, con ocasiones para ambas escuadras, aunque sin goles. Toda la emoción quedaba para el segundo acto, porque Argentina no aceptaba el papel de equipo inferior y se atrevía a tutear a la gran favorita.

Argentina roba el balón a Alemania

Parece que aquel palo dio alas a una Argentina que fue claramente mejor en la segunda parte. Los papeles se invirtieron y era la albiceleste la que disponía del balón a su antojo, jugando cómodamente. Lionel Messi volvía a ser el factor diferencial de los de Alejandro Sabella en ataque, después de que ese acto comenzara con la entrada de Sergio Agüero por Ezequiel Lavezzi. Esto permitió a la Pulga retrasar su posición, tuvo más libertad y siempre generó peligro (sobre todo en el 47’, con un disparo cruzado que se fue rozando el poste). También lo hizo Gonzalo Higuaín, a quien Manuel Neuer arrolló (56’) en una acción en la que el italiano Rizzoli (muy dubitativo y demasiado permisivo durante todo el encuentro) no señaló penalti. Fue la jugada polémica del partido. En lo que no hubo dudas era en que la Mannschaft estaba partida, no tenía la frescura de otros días y sin balón demostraban ser inferiores. Argentina, en cambio, se había adaptado mejor a todas las situaciones y en este caso manejó el balón a su antojo.

Aun así los teutones tuvieron la posibilidad de decidir el encuentro en varias jugadas. Höwedes (79’) y Toni Kroos (80’) tuvieron las más claras de los alemanes, en un tramo de aproximadamente 10 minutos en los que los sudamericanos sufrieron, porque Alemania sacó el rodillo, lograba robar el balón rápido y trenzar buenas jugadas. De modo que poco a poco el encuentro se fue encaminando hacia la prórroga de manera inevitable, ya que ninguno de los dos equipos concretaba sus ocasiones. Y para no romper la tradición de esta Copa del Mundo, se llegó finalmente al octavo tiempo extra del Mundial.

La albiceleste se diluye, Alemania no perdona

Si al acabar el tiempo reglamentario la cosa pintaba mejor para Argentina, no fue así. Los alemanes lograron imponer su ritmo en la prórroga, se adueñaron de nuevo del balón y jugaron más cómodos. Aunque Argentina tuvo un par de ocasiones por medio de Sergio Agüero y sobre todo Rodrigo Palacio, a quien hoy le costará dormir, como a Gonzalo Higuaín. Pero el factor diferencial de esta prórroga pudo estar sin duda en la ausencia de Lionel Messi, que de nuevo volvió a desaparecer. Quizás le pesaron unas molestias físicas de las que parecía adolecer durante todo el encuentro. El caso es que la Pulga desperdició su ocasión de entrar en la historia.

Quien sí lo logró es un muchacho de 22 años que ahora va a ser uno de los iconos del fútbol alemán. Ya deslumbró durante su etapa en el Borussia de Dortmund y seguramente hará historia con el Bayern Múnich en los años venideros. Corría el 113’ cuando André Schürrle se zafaba de Pablo Zabaleta (muy gris todo el partido) y servía el balón a su compañero Mario Götze, que tras un excelente control batió a Romero. Fue el único error de Argentina en defensa, después de que sus zagueros hayan estado sublimes todo el campeonato. Messi tuvo en su cabeza el empate: era un remate complicado pero casi empata para la albiceleste. Después tuvo una falta en el último suspiro pero la desperdició.

Así jugó Alemania:

Así jugó Argentina: