Francia jugará el domingo la final del Mundial de Rusia, ante un rival que conocerá esta noche. Los bleus doblegaban ayer a Bélgica, tirando de oficio y solvencia defensiva, y dejaron fuera a una selección que el pasado viernes brilló ante la siempre poderosa Brasil. Los diablos rojos tendrán que conformarse con la final de consolación del sábado ante el perdedor de hoy.

Pero la selección dirigida por Roberto Martínez ya ha hecho historia, igualando su mejor resultado que fue alcanzar la penúltima ronda en México 1986. De hecho el sábado el combinado europeo puede superar el cuarto puesto logrado en aquella cita, curiosamente cuando perdió ante Francia en el último partido. No servirá de mucho pero sí para premiar y recordar para la posteridad a una gran generación de jugadores que destacan cada semana en las grandes ligas de Europa.

Vincent Kompany, Marouane Fellaini, Thomas Meunier, Axel Witsel, Kevin De Bruyne, Thibault Courtois, Romelu Lukaku, Thibaut Courtois o Dries Mertens conforman esa gran camada de perlas que han deslumbrado con su fútbol. Liderados por un jugador excepcional como es Eden Hazard, los belgas son los ganadores morales del torneo por el gran fútbol que nos han brindado, y en el que han dado color a una Copa del Mundo caracterizada por muchas sorpresas, importantes fallos de grandes selecciones y una prevalencia del fútbol físico y directo, al que también han sabido acoplarse perfectamente.

Sin embargo, después de caer en cuartos de final de Brasil 2014 ante Argentina y en la misma ronda frente a Gales en la Eurocopa de 2016, una especie de maldición parece perseguir a esta generación dorada. Y, aunque muchos de ellos repetirán en la internacionalizada Eurocopa de 2020, será más difícil que veamos a otros como Kompany, Jan Vertonghen o Marouane Fellaini en Catar 2022. Aunque lo logrado es para que en Bélgica estén orgullosos y miren al futuro con gran esperanza.