Por lo visto hasta ahora, y por el buen resultado que le había dado en el choque ante España, podía preverse que la Selección de Rusia mantendría el mismo estilo y optaría por consolidar su defensa y esperar sus opciones para salir a la contra. Pues bien, ante Croacia, el técnico Stanislav Cherchesov varió este planteamiento y apostó por una fórmula algo más ambiciosa que, al menos durante los primeros minutos, se tradujo en una presión más intensa y en un par de tímidos acercamientos que tuvieron al poderoso Artem Dzyuba como principal protagonista.

A Croacia tal vez le sorprendió este cambio de su rival. De hecho, para comenzar a vislumbrar a ese equipo que tan buenas sensaciones ha dado a lo largo del torneo hubo que esperar cerca de 10 minutos. Fue entonces cuando Luka Modric e Ivan Rakitic tomaron el mando de las operaciones y Rusia comenzó a recular. Eso sí, aunque cedió metros, el combinado anfitrión mantuvo su actitud combativa y provocó que los de Zlatko Dalic se encontrasen con serias dificultades para llegar a la zona de peligro.

Aunque el desarrollo del juego no hacía presagiar la llegada de ningún gol antes del descanso, lo cierto es que una acción de esas que pueden catalogarse como aisladas, Denis Cheryshev tiró una pared con Dzyuba y, tras recibir nuevamente el balón y sortear un defensor, largó un disparo seco que superó a un adelantado Subasic y se coló cerca de la escuadra (minuto 30).

Tras encajar el tanto, Croacia se obligó a dar un paso adelante y logró empatar antes del final del primer acto. Al igual que había ocurrido con el tanto ruso, el de los balcánicos llegó tras la casi única acción combinativa del equipo, en una jugada en la que intervinieron Ivan Strinic y Mario Mandzukic y en la que fue la cabeza de Andrej Kramaric la que acabó impulsando definitivamente el esférico al fondo de las mallas (39’).

Mucha esfuerzo y pocas ocasiones

El arranque del segundo periodo fue un calco del primero. Rusia presionando bastante arriba y Croacia sufriendo para triangular como le gusta. Eso sí, a medida que el cansancio comenzó a hacer mella en los locales, los de Dalic empezaron a sentirse más cómodos y asomarse al área rival con mayor asiduidad. De hecho, en el 59, tras varios balones aéreos en los que Igor Akinfeev mostró una peligrosa tendencia a salir sin demasiado conocimiento, Ivan Perisic pudo adelantar a los suyos, pero su disparo cruzado acabó estrellándose en la base del poste.

Lógicamente, los balcánicos también perdieron fuelle con el paso de los minutos. Aunque Luka Modric intentó echarse al equipo a las espaldas, sus esfuerzos por llevar el balón a zonas de ataque no encontraron continuidad y depararon un final de tiempo reglamentario sin apenas ocasiones de peligro. Para los croatas, la prórroga parecía casi un castigo, para los rusos, una bendición.

Rusia logra llevar el partido a los penaltis

El tiempo extra arrancó con los sucesivos problemas físicos de Sime Vrsaljko, que tuvo que dejar su sitio a Vedran Corluka, y de Mario Mandzukic, que aguantó como buenamente pudo el resto del choque. Por fortuna para los croatas, cuando peor empezaban a pintar las cosas y más parecía que Rusia podía llegar más a entera a la fase decisiva, Modric botó un córner desde la derecha y Domagoj Vida conectó un cabezazo que cruzó un mar de piernas y acabó alojándose en el fondo de las mallas (100’).

Aunque el gol parecía definitivo, a falta de apenas cuatro para el pitido final, Rusia forzó una falta en el pico del área y encontró un empate que tal vez merecía más por su orgullo que por su juego. Su autor, el nacionalizado Mario Fernandes, un jugador que viene firmando un torneo más que notable y que en esta ocasión aprovechó su envergadura para cabecera a la red el buen envío de Alan Dzagoev.

En los penaltis, que no fueron ni mucho menos los mejor lanzados de la historia, Croacia estuvo algo más atinada (4 aciertos, por 3 de los rusos) y acabó obteniendo una victoria que premia su insistencia y que le permite alcanzar unas semifinales en las que ya espera Inglaterra.

MVP | Luka Modric, el genio incansable

Justo cuando Croacia comenzaba a ser víctima del cansancio, volvió a emerger la figura de Luka Modric, el futbolista capaz de trasladar el balón por el campo sin apenas dar sensación de esfuerzo. Además de por ser el firmante del centro que Vida convirtió en el 1-2, el centrocampista merece el reconocimiento de futbolista más destacado por su inteligencia para leer el juego, su habilidad para manejar el balón bajo cualquier circunstancia y su capacidad para tirar del carro cuando los ánimos empiezan a escasear.