Dinamarca tenía en su mano la posibilidad de sellar hoy su pase a octavos de final, después de haber sumado los tres puntos ante una selección de Perú que el sábado fue probablemente mejor, pero no concretó sus ocasiones. Los europeos, liderados por el cotizado Christian Eriksen, partía por tanto con ventaja ante una Australia que nos había dejado cosas interesantes frente a Francia. Y precisamente fueron los nórdicos los que mejor comenzaron el encuentro, con un ritmo elevado, una presión alta sobre Ausrtalia y un par de ocasiones de peligro. De hecho encontraron premio pronto, pues llevábamos apenas 7 minutos de juego cuando el citado jugador del Tottenham conectaba un gran disparo dentro del área, tras una dejada de Jorgensen de cabeza. Un gol que mostraba el gran talento que Christian Eriksen atesora en sus botas.

Un golpe duro para los aussies, que por momentos parecieron haber acusado mucho esa ventaja de los daneses, que aprovechaban para mantener su plan inicial. Enlazaron de hecho varios robos en zonas peligrosas ante una Australia que poco a poco trataba de templar los nervios, recomponerse y adueñarse de la pelota. La mejor manera posible de llegar a los dominios de Peter Schmeichel e intentar inquietar a su rival. Les costó la mitad del primer acto, pero pasado el ecuador de la primera parte, los de Bert Van Marwijk fueron dueños de la pelota y las ocasiones comenzaron a llegar por inercia. Aaron Mooy y Mile Jedinak iban encontrando poco a poco espacios, enlazaban más asiduamente con los extremos, Rogic y Leckie, y el balón se mantenía de su lado. Dinamarca, no obstante, no se inquietaba con un resultado a favor y un plan que se iba cumpliendo. Pione Sisto y Jorgensen amagaron con aumentar las diferencias, pero no estuvieron acertados.

Aunque Australia llevaba la iniciativa, sus internadas solían ser inocuas, pero el pecado danés fue ceder demasiado la iniciativa. De manera que, en una de esas jugadas que concedieron a los australianos, Poulsen cometió un penalti tonto, curiosamente similar al que en la primera jornada propició el gol australiano, pues interceptó con la mano un cabezazo australiano tras un saque de esquina. Mateu Lahoz, el árbitro español a cargo del encuentro, no vio las manos en primera instancia, pero rectificó y pitó el penalti tras consultar con el VAR. Una vez más, el videoarbitraje volvía a ser determinante, y provocaba el empate de los aussies, que por medio de Mile Jedinak empataron, pese a los frustrados intentos de Kasper Schmeichel por poner nervioso al reconocible centrocampista oceánico.

La voluntad de Australia no fue suficiente

Quedaba todo por resolver por tanto en el segundo tiempo, y a diferencia de lo que viene sucediendo en otros encuentros de este Mundial, resultaba complicado hacer predicciones por lo que habíamos visto. Un encuentro con alternativas para ambos, en el que el empate que imperaba era más que justo, y que pintaba a resolverse por detalles. Aunque la clasificación de ambas selecciones en el grupo también era para ser tenida en cuenta, de forma que esto obligó a Australia a dar un paso al frente, si bien antes de conseguir de nuevo el dominio tuvo que afrontar una nueva salida en tromba de los daneses, que por medio de Pione Sisto y Larssen dispusieron de sendas ocasiones.

Pero poco a poco fue entrando en juego Aaron Mooy, ese jugador sin pelo de Australia que sin demasiado ruido es capaz de hacerse el solito con las riendas de un encuentro, con su ritmo pausado, su toque de gracia para buscar siempre la mejor solución, su visión de juego y su temple. Bien secundado por Mile Jedinak, también reconocible por su icónica barba, Australia tejió poco a poco una interesante tela de araña en el centro del campo que ahogaba los intentos daneses de profundizar, y daba zarpazos contundentes hacia el área de Peter Schemeichel. Sin embargo, ya sea por tradición futbolística, por la calidad de sus jugadores en los últimos metros, o por otras cuestiones que se escapan al entendimiento de un servidor, los ataques daneses parecieron siempre llevar mayor peligro en todo el encuentro. Cierto es que nada se puede reprochar al tridente ofensivo que forman Max Kruse, Leckie y Rogic, pero les falta la mordiente de otras selecciones para poder dar un paso al frente y poner en serios apuros a un combinado nacional con mayor tradición e historia futbolística.

Todo ello conforme Christian Eriksen se iba diluyendo con el paso de los minutos, como si con su golazo hubiera dicho ya todo en este partido. No estaba hoy fino el jugador del Tottenham, al que seguramente le falta mejor compañía para asociarse. El caso es que los daneses, como hicieran ante Perú, volvieron a sacar un buen resultado de un juego pobre, seguramente aprovechando la falta de acierto de un rival que dominó pero no terminó de concretar. De hecho en el tramo final del encuentro tuvo que intervenir Schmeichel para evitar el gol del voluntarioso Leckie, que no dejó de intentarlo en todo el encuentro. Al final, un empate con mejor sabor de boca para Dinamarca, que dio la sensación de darlo por bueno desde muchos minutos antes del final del choque; y un nuevo resultado malo para una Australia que, si bien ha dejado grandes sensaciones en sus dos encuentros, no ha podido plasmarlas en sus resultados, que al final es lo más importante en este deporte. Queda por tanto Dinamarca con 4 puntos, a un paso de los octavos de final, mientras Australia pende de un hilo y pinta que el próximo martes hará las maletas rumbo a casa.

MVP | La indiscutible clase de Aaron Mooy

Seguramente Australia se despedirá del Mundial en unos días, salvo milagro, pero se irá con la cabeza alta y también dejando el brillo de muchas actuaciones individuales que, al menos a un servidor, le han encantado. Por eso, en un encuentro que no deja buenas sensaciones para los suyos por el resultado, queremos destacar la figura del jugador del Huddersfield.

Es de esos futbolistas que no harán carrera en grandes clubes, pero que juegan más del 90% de los partidos a un nivel de notable. Sin grandes cualidades físicas, o recursos técnicos brillantes, es un jugador que simplemente hace bien sus deberes. Elige la mejor opción de pase, sabe leer de forma estupenda los partidos, actúa con criterio en cada acción, y escoge siempre lo mejor para su equipo, ya sea en fase defensiva (roba muchos balones) como a la hora de atacar en busca de jugadas con las que dañar al rival.