La pareja conformada por Mile Jedinak y Aron Mooy no pasaría desapercibida ni un baile de disfraces. El primero tan alto y con esa barba de hipster, el segundo tan menudo y con esa cabeza libre de cualquier atisbo de pelo... Sobre el césped, como es lógico, su presencia es aún más llamativa. Configuran una de esas duplas que llaman la atención por su físico, pero también por lo que son capaces de aportar sobre un terreno de juego.

Ambos juegan en Inglaterra, es decir, saben de qué va este oficio y no se arrugan ante nada. El fortachón Jedinak aporta el músculo y el carácter, choca con quien haga falta y no se deja intimidar. El escurridizo Mooy, roba con guante blanco y sabe cuando hay que dar un pelotazo o cuando el juego requiere un pase atrás o una salida con el balón controlado.

Su labor durante la primera parte fue tan notable que de Francia sólo hubo noticias en los primeros 10 minutos. #LaDecisión de Didier Deschamps de sacar del once a un 9 nato como Olivier Giroud y apostar por el veloz Ousmane Dembélé provocó un arranque de partido vibrante, con los atacantes galos corriendo a la espalda de una aún desubicada zaga de Australia. Parecía que los bleus podían comerse a su rival, pero sólo fue un espejismo. Ni Kylian Mbappé ni Antoine Griezmann supieron definir ante Matthew Ryan, y tras ese par de avisos, los oceánicos reaccionaron y poco a poco, al ritmo que marcaba su extraña pareja de medios, fue haciéndose con el dominio de la situación.

No es que los de Bert van Marwijk dominasen ni hiciesen grandes ocasiones, pero su concienzudo trabajo sirvió para destapar las carencias de un combinado francés en el que la medular apenas tiene peso y en el que todo queda a expensas de las individualidades o las carreras de sus atacantes. Además, en sus dos o tres acercamientos, los aussies también dejaron claro que Francia sufre para defender las jugadas a balón parado. De hecho, en el 16, Hugo Lloris tuvo que emplearse a fondo para evitar que un pésimo despeje de Corentin Tolisso acabase dentro de su propia portería.

El VAR debuta y le echa una mano a Francia

Que Francia podía cambiar el partido con un simple chispazo era evidente. Lo que tal vez no se esperaba era que el VAR iba a ser quien pusiera en contacto los cables. Pasado el 50 de juego, en otro intento de balón en profundidad, el único arma efectivo de los galos, Griezmann aceleró más que su marcador y cayó en el área. En directo no pareció nada, pero el árbitro hizo debutar al videoarbitraje en este Mundial y calificó como penalti un contacto leve en el talón con el jugador del Atlético de Madrid ya cayendo. Sin apenas inmutarse, y con más seriedad de la mostrada en su ya famoso video, el de Macon envió el balón al fondo de las mallas y puso por delante a su equipo.

Tras el gol pudo intuirse un pequeño crecimiento de Francia, pero apenas cinco minutos después, Samuel Umtiti cometió un error infantil al saltar con los brazos hacia arriba en un centro lateral. El balón golpeó en una de sus manos y el colegiado, esta vez sin ayuda del VAR, aunque con cierto retraso, señaló el punto fatídico. Más o menos con la misma templanza que Griezmann, el barbudo Jedinak hizo el empate y restableció la justicia.

A falta de 20 minutos para el final, Deschamps tomó otra decisión comprometida. El técnico retiró a Griezmann y Dembélé para colocar en su lugar a Olivier Giroud y Nabil Fekir. Si la entrada del segundo, un futbolista más creativo y versátil, resultaba lógica, la del segundo parecía a todas luces inoportuna. Más que remate, lo que necesitaba Francia era lucidez en el juego, y para eso, el rojiblanco es un jugador mucho más capacitado.

Pero como en este fútbol moderno hay factores que comienzan ya a pesar mucho más que cualquier atisbo de táctica o estrategia, bastó una única jugada algo elaborada para que los bleus se llevasen el partido. Aunque el disparo final de Paul Pogba nació de una sucesión de toques en la frontal, éste tuvo que tocar en un defensor y dibujar una parábola casi imposible para superar a Ryan y acabar botando más allá de la línea de gol tras golpear en el larguero. El ojo de halcón validó el tanto y dio a Francia una victoria tan necesaria para sus aspiraciones como absolutamente inmerecida. Aunque dispone de la calidad necesaria para asumir tal empresa, Deschamps deberá buscar un plan mucho más elaborado para realmente aspirar al cetro mundial.

MVP | Aron Mooy, el mediocentro incansable

Pocas veces un jugador del equipo que ha perdido el partido merece ser destacado como futbolista más valioso, pero ya que Francia venció sin convencer y también sin merecerlo, sirva esta elección de Aron Mooy como reconocimiento a la gran labor de Australia.

El mediocentro del Huddersfield Town exhibió carácter, inteligencia, fortaleza defensiva y una más que interesante capacidad para sacar el balón jugado. Con la inestimable ayuda de Mile Jedinak, el de Sydney completó un partido sobresaliente y estuvo a punto de amargar el debut a los bleus.