Pudo haber sido perfectamente la gran final de mañana, pero este BélgicaInglaterra ha sido este sábado el aperitivo de la misma. El encuentro a priori menos atractivo del campeonato, porque no suele tener nada en juego más allá de la honorífica tercera plaza (medalla incluida). Pero, repasando los resultados de estos encuentros que vemos solamente cada cuatro años (la UEFA siempre rehúye la final de consolación), vemos que han sido siempre partidos con muchos goles. Se nota que los perdedores de las semifinales salen desinhibidos, con menos miedo a perder que los que juegan la gran final. Hoy teníamos a dos selecciones por las que hace un mes igual muchos no apostaban a que estuvieran aquí. Un partido entre dos escuadras con mucho sabor a Premier League, pues casi todos sus protagonistas militan en Inglaterra, y que a priori nos dejaría un encuentro vibrante, con mucho ritmo y muchas ocasiones, y alternativas para los dos equipos.

Así fue. Sobre todo porque, para seguir con la tradición, vimos un gol muy pronto. Corría el minuto 5 cuando Thomas Meuner adelantaba a los diablos rojos, tras un centro de Nacer Chadli en una nueva contra magistral del equipo de Roberto Martínez, que sabe dominar muchos registros, como ha demostrado en todo el campeonato y ha exhibido especialmente hoy. En este caso hemos visto juego de espacios, pero también un fútbol control que durante la primera parte de ese acto ha permitido a los belgas gozar de las mejores ocasiones. Ni Romelu Lukaku, Eden Hazard o Kevin De Bruyne han estado acertados ante Jordan Pickford cuando tenían el viento a favor en esos primeros compases del encuentro. Bélgica tenía a su merced a una Inglaterra aparentemente más tocada por su derrota, con un día menos de descanso para asimilarla. Los belgas invitaron a su rival a tener más la pelota, para aprovechar así su velocidad y sorprender a una zaga no acostumbrada a correr hacia atrás. Y el plan funcionó a la perfección, pues los pross apenas supieron aprovechar sus fases de dominio, en las que generaron pocas ocasiones y demostraron que su fútbol se basa más en la contundencia que en la creación. Si a esto añadimos que Harry Kane desperdició la ocasión más clara de los ingleses en ese tiempo, la cosa no pintaba bien.

El plan de Roberto Martínez da premio a Bélgica

El segundo tiempo continuó por el mismo camino, con Bélgica invitando a Inglaterra a asumir riesgos con la pelota, mientras Roberto Martínez ordenaba una posesión alta de la que los pross salían con dificultades. Cuando lo lograban, eso sí, generaban peligro, fieles a su contundencia ofensiva y a las lagunas siempre presentes en la zaga de los diablos rojos. Los centroeuropeos no saben cerrar a veces los partidos, y por si fuera poco Romelu Lukaku volvió a mostrarse errático en la gran ocasión que tuvo en el segundo acto, tras un nuevo pase magistral de Kevin De Bruyne. Al poco fue sustituido, y esto comenzó a ser un punto de inflexión en la tendencia de un encuentro que Inglaterra no renunció a ganar. Eric Dier tuvo una clarísima ocasión que Toby Alderweireld salvó sobre la línea de gol, cuando su compañero del Tottenham había superado a Thibaut Courtois con una sutil vaselina. Fue el inicio de un torrente de ocasiones inglesas, que llegaron por tierra y aire, con un omnipresente Harry Maguire creando peligro en el juego aéreo.

No obstante, cada vez que Bélgica conseguía robar pronto el balón, solía generar un gran peligro porque los diablos rojos, con sus grandes transiciones lideradas por Kevin De Bruyne, se plantaban rápidamente ante Jordan Pickford. La entrada de Mertens por Lukaku liberó a los tres hombres de ataque de Bélgica (Hazard, De Bruyne y el propio jugador del Nápoles), cuyos movimientos resultaban indetectables para la defensa británica. El partido estaba por tanto en un puño, pues en cualquier acercamiento inglés podía llegar el empate pero también la sentencia del lado belga. Finalmente sucedió lo último, pues tras otra rápida transición marca de la casa, Eden Hazard firmaba el segundo gol tras otro magnífico pase de De Bruyne, que esta vez el jugador del Chelsea no perdonaba para fusilar a placer.

Un tanto que firma el mejor campeonato de la historia de Bélgica, que supera su cuarto puesto obtenido en 1986, y que corona por tanto a la mejor generación de la historia futbolística de este país. Un premio sin duda para una selección que nunca especuló, ni siquiera en ese encuentro de la primera fase ante Inglaterra, que se fue por el lado temible del cuadro y que superó a la favorita Brasil antes de caer ante la contundencia de Francia. Bélgica no será campeona pero inscribe con letras de bronce su nombre en esta Copa del Mundo. Mientras tanto, Inglaterra se va con un doble revés de este campeonato, pero con una generación de jóvenes jugadores que seguramente llegarán a Catar en plenitud. Los pross han vuelto a la élite tras años de ausencia y ahora quieren quedarse.

MVP | Otro recital de Kevin De Bruyne

No sabemos si estará en el XI ideal del Mundial porque hay grandes centrocampistas y muchos de ellos juegan mañana la final. Pero sin duda alguna Kevin De Bruyne merece una mención especial por sus aportaciones en esta Copa del Mundo. Comenzó jugado como mediocentro, como esta temporada con Pep Guardiola en la Premier League, pero Roberto Martínez ha sabido sacarle un gran partido en todo el torneo que ahora acaba para los diablos rojos.

El futbolista belga posee una visión de juego única, además de una gran calidad técnica que no deja de exhibir en cada encuentro. Hoy su papel ha sido actuar primero por detrás de Romelu Lukaku, y después como falso 9 para comandar las contras de Bélgica en el segundo acto. Con su gran capacidad asociativa, su velocidad y sus cambios de ritmo, hoy ha dado otro recital de fútbol en San Petersburgo