Llegado al Real Madrid el 22 de enero de 2015 con el sello de gran esperanza del fútbol mundial, Martin Ødegaard no logró confirmar el futuro al que estaba predestinado. Bloqueado en el conjunto de Chamartín, el centrocampista ofensivo noruego se marchó al SC Heerenveen dos años después por medio de una cesión. Fue una experiencia en dientes de sierra para el de Drammen, que sumó 3 goles y 5 asistencias en 43 partidos.

Sin embargo, esta etapa en Holanda le permitió crecer y, sobre todo, sumar minutos de juego. «Siento que he madurado tanto en mi juego como fuera del campo. Al principio viví con mi padre, pero ahora lo hago solo. Siento que he progresado. También creo que me he convertido en mejor jugador. He mejorado en algunas de las cualidades que tenía y he desarrollado en otros aspectos de mi juego», reconocía. Por lo tanto, su desembarco en el Vitesse Arnhem tenía como objetivo el seguir creciendo.

En busca de un creador de juego de calidad, su entrenador Leonid Slutsky no dudó en darle el timón del equipo. Después de una breve adaptación, el noruego ha encontrado velocidad de crucero y marca el ritmo de su escuadra, algo inusual para él. Ahora, Martin Ødegaard se ha convertido en el líder táctico de su equipo.

El Vitesse Arnhem es sexto y se presenta como candidato para ocupar posiciones europeas a final de temporada. Mientras tanto Martin Ødegaard se queda sin tiempo y todavía sueña con un futuro en el Real Madrid. «Mi objetivo es claro: quiero jugar en el Real Madrid. Estoy haciendo todo lo posible para lograrlo. Mi contrato se ha extendido y lo tomo como un signo de confianza. Mi cesión en el Vitesse ha sido un paso adelante». El paso ya está dado.