Era por tanto el partido más esperado de la Eurocopa, las dos grandes favoritas sobre el papel antes de comenzar el torneo se medían en Marsella. Y no defraudó a nadie el guión, tan inesperado como intenso. En la primera parte vimos lo que se presuponía: dominio alemán durante aproximadamente media hora (exceptuando los 10 primeros minutos y los últimos 5), pero sin concretar muchas ocasiones claras. Solamente dos paradas destacadas tuvo que hacer Hugo Lloris, mientras el nuevo fichaje del FC Barcelona, Samuel Umtiti, despejaba otra clara oportunidad germana.

Didier Deschamps demostró que sabe mantener a su conjunto bien ordenado atrás, sin balón, trabajando todos a una para defender. Aunque por momentos su bloque hiciera aguas ante la rápida circulación de la pelota propuesta por Alemania y las inspiraciones puntuales de Toni Kroos o Mesut Özil. En ese tiempo vimos a jugadores como Dimitri Payet, Paul Pogba o Antoine Griezmann, más preocupados de perseguir el esférico que de deleitarnos con él como acostumbran. Era lo ensayado y así salía, aunque quizás ayude también la preocupante carencia que el combinado de Joachim Löw tiene con sus delanteros centro. Thomas Müller desempeña esa labor de falso 9, seguramente como pocos podrían. Pero da la sensación de que se desaprovecha a un futbolista de su calidad haciendo ese trabajo y se tira por tierra la gran labor creativa de sus compañeros sin un rematador de mayores garantías. Pero como aquí no se puede fichar, es lo que hay.

Así, mientras el guión se cumplía (excepto en la fulgurante salida de los bleus durante los 10 primeros minutos), Olivier Giroud desperdiciaba un regalo de Jerome Boateng (capaz como siempre de lo mejor y lo peor), al dormirse en los laureles cuando encaraba la meta de Manuel Neuer. Parecía que los galos habían desaprovechado su gran ocasión del primer acto, pero Bastian Schweinsteiger les preparaba otra sorpresa, otro regalo al anfitrión en forma de un absurdo penalti con la mano. Antoine Griezmann, que además de calidad tiene valentía y galones propios del crack mundial que es, desterraba los fantasmas de San Siro y adelantaba a los suyos en el descuento de la primera parte. Otro partido distinto comenzaba entonces.

Francia, como pez en el agua

Para aquellos que no crean en los goles psicológicos y la importancia del factor mental en un deporte colectivo como el fútbol, hoy tienen un ejemplo de que esto existe. Porque Francia no solamente salió mejor al inicio del segundo acto, sino que además tuvo el temple necesario para administrar su ventaja, aprovechar el hecho de ser la anfitriona y tener a su favor al público, así como esperar pacientemente su oportunidad.

Esta llegó en el minuto 72, cuando Antoine Griezman aprovechó un nuevo error de la zaga alemana, esta vez comenzado por Kimmich pero ayudado en cadena por sus compañeros, para pescar en río revuelto y batir a Manuel Neuer con suma facilidad. Con el toque mágico de los elegidos, el delantero del Atlético de Madrid se encontraba en el sitio oportuno para dar el golpe de gracia a los campeones del mundo. Hasta entonces los de Joachim Löw seguían demostrando que su dominio era estéril, ya fuera por las magníficas intervenciones de Hugo Llrois, los rápidos cruces de Samuel Umtiti (quizás el FC Barcelona ha encontrado el central rápido que necesitaba, veremos) o por el gran trabajo defensivo de los suyos. El caso es que a Deschams le funcionaba el plan de ser ordenado en defensa y dejar la creatividad improvisada para el ataque.

Mientras tanto, los teutones veían penalizada su falta de verticalidad en muchos momentos, que no acompaña su magnífico juego de posesión en los metros decisivos, y que genera pérdidas que obviamente permiten contras del adversario. Le falta todavía a esta selección la paciencia y el oficio que demostró hace no tanto España para llevar su estilo hasta las últimas consecuencias ante cualquier rival, por mucho que se encerrara en defensa. Y quizás por ahí se explica que los germanos no puedan igualar la magnífica racha de los nuestros, aunque justo es reconocer el magnífico mérito que tienen al estar siempre al menos en semifinales de todos los grandes torneos.

El caso es que el partido nos deja una final Francia - Portugal, dos selecciones distintas con líderes claramente marcados: Cristiano Ronaldo y Antoine Griezmann, que han aparecido en semifinales para liderar a los suyos. Ya se vieron las caras hace poco en la otra gran final europea del curso, la de Milán, con suerte dispar para ambos. El luso buscará el primer gran título internacional de su país para agrandar su leyenda; el galo seguir la estela de Michel Platini y Zinedine Zidane y colarse en el santoral futbolístico de nuestros vecinos del norte.

Las notas de la redacción para los jugadores de Francia:

Las notas de la redacción para los jugadores de Alemania:

El hombre del partido: Antoine Griezmann

Se le había discutido al principio, también eclipsado por la gran fase de grupos de Dimitri Payet, e incluso se decía si no le habría afectado el penalti fallado en San Siro. Hoy ha demostrado que no, adelantando a su equipo desde los 11 metros con una calma y temple propia de los grandes. Va camino de ser la nueva leyenda del fútbol francés por méritos propios.

Además de sus dos goles (en el segundo demostró su gran don de la oportunidad, algo con lo que simplemente se nace), estuvo todo el partido incordiando a la zaga alemana en su salida de balón. Se multiplicó ante la manifiesta ineficacia de su compañero Olivier Giroud, y siempre jugó el balón con criterio y buscando hacer daño al rival.

Su gran estado de forma es sin duda la mejor baza de su combinado nacional de cara a la final del domingo, y actualmente parece el único futbolista nacido en Europa capaz de poder hacer sombra a Cristiano Ronaldo. En apenas 3 días tendrá una nueva oportunidad de levantar un gran título y dar un paso de gigante en su carrera. ¿Lo logrará?