Tal vez porque la Europa League ha acabado convirtiéndose en un especie de clavo ardiendo al que agarrarse para salvar la temporada, ni Chelsea ni Arsenal saltaron al Estadio Olímpico de Bakú con la intención de arriesgar más de la cuenta. Ambos conjuntos comprendieron que lo importante era ganar y que la forma de hacerlo tampoco era muy relevante a estas alturas y apostaron por una idea de juego en la que mantener la calma y el orden resultaba mucho más importante que buscar cualquier acción ofensiva que pudiese implicar cierto desbarajuste.

Afortunadamente, tras 10 minutos de tanteo y de un cierto ir y venir más bien decepcionante, los gunners decidieron dar un paso al frente y comenzaron a cambiar el ritmo de un partido que hasta entonces invitaba al sesteo. En realidad, lo único que hicieron los pupilos de Unai Emery fue mostrarse un poco más intensos, pero simplemente eso fue suficiente para que el Chelsea comenzase a sentirse incómodo y empezase a perder muchos balones antes de alcanzar la medular.

Las buenas intenciones del Arsenal tampoco se tradujeron en grandes ocasiones - un par de centros en los que Kepa tuvo que meter los puños y un disparo de Granit Xhaka que salió rozando el larguero fue todo lo que dio de sí su ataque en este periodo-, pero sirvieron para despertar a los blues y dar paso a un choque cada vez más abierto. De hecho, en los 10 minutos que precedieron al descanso fueron los de Stamford Bridge los que se mostraron más incisivos y los que gozaron de la mejor oportunidad vista hasta el momento: un disparo cruzado de Olivier Giroud desde dentro del área al que respondió el veterano Petr Cech con una buena mano a ras de hierba (minuto 39).

El Chelsea golpea una, dos, tres y hasta cuatro veces

Tras lo vivido en este periodo inicial parecía claro que un gol podía resultar definitivo. Eso sí, lo que quedaba por ver es si alguno de los dos contendientes iba a ir en su búsqueda con decisión, asumiendo los riegos que implica, o si por el contrario, el choque iba a entrar en esa dinámica de respeto mutuo que tantas veces condiciona y empaña el desarrollo de estos compromisos a vida o muerte.

Pero como el fútbol afortunadamente no todo está escrito, la duda ni siquiera llegó a plantearse, ya que en la primera acción ofensiva del segundo periodo (minuto 49), el Chelsea acertó con la portería rival y dio pie a un escenario completamente distinto. El tanto fue más el fruto de una acción aislada (un centro al área sin más de Emerson) y de cierto talento (gran cabezazo final de Olivier Giroud) que el resultado de un planteamiento ofensivo, pero resultó más que suficiente para envalentonar a los blues y sumir a los gunners en una profunda depresión de la que ya no pudieron salir.

Hasta el 60, minuto en el que Pedro Rodríguez sumó el 2-0 tras pase de Eden Hazard, los de Emery aún mantuvieron el tipo. A partir de ese momento, los del Emirates Stadium quedaron prácticamente a merced de su rival. Es cierto que entre el tercer y cuarto tanto del Chelsea, Alex Iwobi alimentó las esperanzas de los suyos con un sensacional zapatazo ante el que nada pudo hacer Kepa (minuto 69), pero también que esa acción fue un total y absoluto espejismo.

Si no hemos nombrado al autor de esos dos tantos del combinado dirigido por Maurizio Sarri es porque sin duda merece un párrafo a su medida. Y es que, aunque su juego no fue tan brillante como en otras ocasiones, el destino quiso que en el que con casi total seguridad será su último partido con el equipo, el belga Eden Hazard firmase una asistencia y dos goles. El de La Louviere, que anda como loco por recalar en el Real Madrid, no ha alcanzado ese nivel de excelencia en el juego que se preveía cuando aterrizó en la capital inglesa, pero al menos cerrará su periplo siendo el principal responsable de un título.

Con esta clara y contundente victoria y el trofeo que le acredita como ganador del segundo máximo torneo continental, el Chelsea logra cerrar con una amplia sonrisa una temporada hasta ahora marcada por la irregularidad y la incapacidad de Sarri para dotar al equipo de la alegría que desprendía el Nápoles. El Arsenal por su parte dice adiós a su triste curso con una derrota que le deja sin título y sin la posibilidad de disputar la campaña que viene la Champions League.