El 2-1 de la ida, motivado en gran medida por un exceso de conformismo del Valencia en una más que decepcionante segunda parte, no invitaba a tomarse el partido con relajación. Por eso, sorprendió de entrada que Marcelino dejase en el banquillo a sus dos delanteros más entonados, Rodrigo Moreno y Kevin Gameiro, y apostase por la dupla conformada por Rubén Sobrino y Santi Mina. Por si fuera poco, para cubrir la baja de Dani Parejo, el asturiano recurrió a la dupla Coquelin-Kondogbia, dos jugadores que garantizan trabajo y compromiso, pero que no disponen ni del talento ni de la pausa necesaria para crear y distribuir con la misma precisión que el de Coslada.

Como cabía esperar, el Krasnodar agradeció el conservadurismo visitante para hacerse con el dominio del esférico y rondar con cierto peligro el área rival. Durante aproximadamente 25 minutos dio la sensación de que los valencianistas estaban jugando con fuego, pero lo cierto es que en cuanto intensificaron un poco su presión, los rusos comenzaron a cometer errores en el pase y a sufrir serios problemas para defender las acometidas de Denis Cheryshev y Santi Mina, los dos jugadores más entonados del conjunto español.

Ya que ni unos ni otros aprovecharon sus mejores momentos para perforar la meta contraria, el partido alcanzó el tiempo de descanso con el 0-0 inicial, resultado tan ilusionante para los locales como inquietante para un combinado che que seguía dando la sensación de estar jugando bastante por debajo de sus posibilidades.

El Valencia no termina de reaccionar y se condena a un final agónico

Aunque sus limitaciones para crear son más que evidentes, el Krasnodar arrancó el segundo periodo con la firme decisión de buscar un gol que le permitiese soñar con la clasificación. Al igual que en el primer acto, el Valencia tardó en reaccionar y no fue hasta pasados los primeros 10 minutos de la reanudación cuando comprendió que o intentaba marcaba un gol cuanto antes o estaba condenado a vivir un final de partido agónico.

Lógicamente, Marcelino también entendió que su planteamiento inicial tal vez había sido demasiado conservador y por eso fue dando entrada de forma consecutiva a Rodrigo y Gonçalo Guedes con la clara intención de adelantarse en el marcador y cerrar el pase a cuartos sin necesidad de sufrir más de la cuenta. Curiosamente, este paso adelante del equipo español no se tradujo en ocasiones claras, pero sí que sirvió para, al menos, hacer recular a un rival que, además, fue perdiendo chispa a medida que pasaban los minutos y que, consciente de sus carencias, apostó por fiar sus opciones a un arreón de última hora.

Aunque hasta esos minutos finales no había sufrido en exceso, el Valencia se empeñó en no meter otra marcha más a su juego y acabó dando pie a un estresante final de partido que estuvo a punto de costarle la clasificación. De hecho, fue una brillante acción de última hora de Kevin Gameiro muy bien finalizada por Guedes (92’) la que evitó que el Krasnodar accediese a cuartos gracias al gol que siete minutos antes había sumado Magomed-Shapi Suleymanov con un soberbio disparo desde el pico del área. El 1-1 final permite al cuadro español alcanzar la siguiente ronda, pero deja dudas sobre su fiabilidad de cara al futuro, porque no siempre que uno juega con fuego logra seguir adelante sin quemarse.

Octavos de final (vuelta)

Dinamo Kiev 0–5 Chelsea

Krasnodar 1–1 Valencia

Salzburgo 3–1 Nápoles

(En negrita, equipos clasificados para cuartos de final)