En poco más de siete días, el Valencia ha logrado cambiar ansiedad por esperanza. En este exiguo periodo de tiempo, el cuadro che ha pasado de sentirse agobiado por una racha de cuatro partidos sin ganar (tres empates y una derrota) a sumar tres victorias que le han permitido alcanzar el parón internacional con la sensación de que la temporada aún puede deparar alguna alegría.

De los tres triunfos logrados esta semana, el más significativo ha sido, sin duda, el cosechado ante el Lille en Champions League. Gracias al contundente 4-1, los valencianistas alcanzan los siete puntos y se mantienen con firmes opciones tanto de alcanzar la siguiente ronda como de, incluso, hacerlo como primeros de grupo.

Asimismo, merced a su dos últimas victorias (frente a Espanyol y Granada), los de Albert Celades han logrado recuperar el pulso a la Liga y se han situado a cuatro puntos de los puestos que dan derecho a disputar la próxima edición del máximo torneo continental. Es más, al igual que Athletic Club, Getafe y Granada, los de la capital del Turia se encuentran a unos razonables cinco puntos del líder, el FC Barcelona.

Pero no solo los marcadores positivos permiten mirar al futuro con optimismo. A lo largo de estos últimos días, el Valencia ha dado sensación de equipo mucho más compacto y eficaz, algo impensable tras la destitución de Marcelino García y el precipitado aterrizaje de Celades. Aunque es cierto que la escuadra aún muestra lagunas, parece claro que, poco a poco, las ideas del técnico catalán van calando. Si a ellos sumamos el paso al frente que ha dado Ferran Torres, la consistencia de jugadores como Gabriel Paulista, José Luis Gayá o Dani Parejo, o los buenos números de Maxi Gómez, no resulta extraño que por Valencia las caras largas comiencen a ser reemplazadas por ya, al menos, tímidas sonrisas.