FC Barcelona 5-1 Real Valladolid

Tras un atípico fin de semana sin fútbol y con el Clásico esperando para Navidad, el Camp Nou acogía de nuevo un partido de Liga. Era el Real Valladolid el equipo que visitaba a un FC Barcelona que dejó malas sensaciones en Praga pese a la victoria, y que buscaba reencontrar hoy sensaciones. El cuadro culé lo hacía con dos novedades importantes en el once como eran Ansu Fati, que le ganaba la partida a Antoine Griezmann, y Arturo Vidal, que entraba por Arthur Melo, quien descansó hoy. Se quedaba Ivan Rakitic fuera del once, en una demostración más de que no cuenta para Ernesto Valverde y tiene abiertas las puertas para el mes de enero. Además el citado delantero francés también lo va a tener complicado para asentar el tridente, pues es siempre el sacrificado. Y eso que hoy no estaba Ousmane Dembélé.

Bueno, nos centramos. El conjunto azulgrana buscaba hoy tres puntos de esos que se suelen dar por descontados prácticamente cada temporada, con el objetivo de recuperar de nuevo el liderato no defendido el sábado. Enfrente, el Pucela formaba con una atípica línea de 5 centrales con la que Sergio Gonzálex pretendía aislar a Luis Suárez (algo que logró en la primera parte), y esperar hacer daño en alguna contra y en jugadas de estrategia. Precisamente en una de ellas acabaría anotando Clément Lenglet en el 2’, después de un mal despeje de la zaga visitante tras un saque de esquina. Parecía que el planteamiento de los blanquivioletas se derrumbaba a las primeras de cambio, pues los locales habían salido con una presión alta y muchas ganas. Sin embargo, algo que suele ser ya un mal endémico del equipo de Ernesto Valverde, la relajación hizo acto de presencia. La presión alta se relajó, el equipo castellano se juntó bien y lograba empatar en el 15’ por medio de Kiko Olivas, que casi involuntariamente remataba un mal rechace de Marc-André Ter Stegen. Era partido en el Camp Nou, quedaba tiempo por delante y no cundió el pánico, y como es habitual los catalanes dominaban, pero no encontraban profundidad de manera regular.

No obstante, en esos casos suele emerger como siempre la figura de Lionel Messi. Dejó la banda derecha, buscó posiciones más centradas para entrar en juego y comenzó a combinar bien con Frenkie De Jong. En una de esas jugadas, el capitán vio bien el desmarque de Arturo Vidal, que hizo varios intentos y un derroche físico espectacular, y le dio un pase medido que el chileno no desaprovechaba para batir a Jordi Masip en el 29’. Gran remate y maniobra del chileno y sensacional asistencia del 10, que cinco minutos más tarde marcaría de falta. Un gol marca de la casa, una diana que hemos visto tantas veces y que seguramente el portero pucelano también porque fueron compañeros muchos años. Dio igual: una ejecución maestra, una rosca perfecta y dos goles ya de diferencia poco antes de descanso. Es su gol número 50 de falta en toda su carrera deportiva, hito que lo coloca seguramente como el mejor lanzador contemporáneo y probablemente uno de los mejores de la historia. Una vez más, el argentino marcaba las diferencias y disparaba a su equipo en el marcador: dos apariciones estelares y dos goles. Todo ello acompañado en las jugadas anteriores y posteriores de varios túneles a los jugadores blanquivioletas, para aclarar siempre el panorama en ataque.

A medio gas... excepto Messi

A este FC Barcelona líder en todo y que ha sabido reponerse bien a la larga ausencia de Lionel Messi, se le pueden reprochar muchas cosas a mejorar porque estamos todavía en octubre, Además de una preocupante fragilidad defensiva que no se termina de corregir, los culés siguen teniendo lagunas de juego en muchos partidos. No terminan de decidirse entre dar la pelota al rival y esperar contras (algo que puedes hacer si tu solidez defensiva es mayor), o seguir dominando con presión alta para arrinconar al rival. En esa indefinición se mueven partidos como el de Praga, si me apuran Dortmund o Anfield con clara diferencia del resultado por el talento del rival. El conjunto azulgrana vive en muchas ocasiones de la definición en las áreas más que de un juego consistente, y en partidos como hoy, con Messi además en estado de gracia, la diferencia se marca sola. Eso sí, hasta que apareció de nuevo el capitán en el segundo acto, poco que reseñar más allá de que entraron Griezmann y Rakitic por Frenkie De Jong y Ansu Fati.

Pero, si el resto de compañeros estaban a medio gas, Messi a ese ritmo sigue marcando las diferencias. Por eso en apenas dos minutos (75’ y 77’) marcaba de nuevo las diferencias. Primero con un gol a tiro cruzado tras un gran control con el muslo, en una jugada por el centro sin aparente peligro al principio. Después el capitán asistía a Luis Suárez para que viera portería de nuevo y se redimiera de un mal partido global, en el que estuvo bastante desaparecido entre los defensas rivales. Una marca férrea la que el uruguayo tuvo que combatir, pero que a su vez dejó bastantes espacios para que el 10 brillara esta noche. El caso es que, con dos detalles más, la estrella azulgrana levantaba a un somnoliento Camp Nou que ya en los minutos finales, con el partido y el Real Valladolid rotos, asistía a un festival ofensivo que acababa en goleada, y que hacía replantearse si, lo visto en los primeros minutos del segundo acto no correspondía tanto a un deseo de dosificar esfuerzos como a una falta de ritmo competitivo que tiene el equipo desde hace tiempo. De hecho estuvo a punto de llegar el sexto gol en varias ocasiones, incluidas una de Messi y otra de Arturo Vidal.

En cualquier caso, no queremos ser excesivamente críticos tras una goleada como las de hoy, aunque con Lionel Messi hayan dejado de ser noticia. Una actuación como la de hoy la hemos visto muchas veces en el argentino, capaz de maravillarnos una y otra vez con su recital de arrancadas, túneles, goles y asistencias. Su capacidad para generar peligro, marcar los partidos y decidirlos no la veremos seguramente nunca más. Tras un inicio de temporada confuso y atípico por las lesiones, al fin vuelve a su mejor nivel y con él ya sabemos que todo es posible para el FC Barcelona, como tantas veces ha demostrado. Ahora falta por ver si Ernesto Valverde, con las nuevas piezas que tiene esta temporada, logra ensamblar un equipo más sólido y regular, especialmente fuera de casa porque en el Camp Nou es complicado hacerles daño. El Real Valladolid, por su parte, deberá reponerse cuanto antes de una derrota esperada en un partido que compitió bien hasta que Messi quiso.