Marcelo llegó al Real Madrid en enero de 2007, unos meses antes de que Roberto Carlos dejara el club, y desde el principio fue señalado como su heredero. Obviamente ha cumplido con ese delicado cometido, y en sus diez años en la entidad merengue se ha afianzado como el gran dueño de la banda izquierda del cuadro blanco. Aunque lo más curioso de todo es que prácticamente sin oposición.

El brasileño ha tenido competidores de diversa índole, pero ha acabado superando a todos ellos y en esta década ningún otro carrilero se ha instalado como segunda opción con la excepción de Fabio Coentrao, que es el jugador que durante alguna etapa le ha discutido la titularidad, si bien la irregularidad del portugués y su bajísimo rendimiento en los últimos tiempos ha acabado por hacer que prácticamente caiga en el olvido. No obstante, ha sido la única competencia real de Marcelo en este tiempo, y por momentos puntuales lo ha relegado a la suplencia.

Parecía ahora que con Theo Hernández la situación cambiaría, y por fin tendría el segundo capitán un oponente de gran nivel. Pero el rendimiento del francés está por ahora muy lejos de lo que cabría esperar, sus primeros pasos en la entidad de Concha Espina no son buenos y las críticas ya asoman por doquier.

Una posición maldita

Y es que parece esta posición estar un tanto maldita desde hace tiempo. Porque en los últimos años las ausencias de Marcelo solían ser cubiertas con jugadores que eran sacados de su lugar habitual, como Danilo, Álvaro Arbeloa, Gabriel Heinze (hace ya unos cuantos años) o Nacho Fernández (sin duda el que mejor rendimiento dio en esa demarcación).

Tampoco los laterales que han salido de la cantera han podido asentarse en este tiempo, aunque sí los hayamos visto en otros clubes (Casado, Juankar, Marcos Alonso, Abner…). Y obviamente ha sido una demarcación por la que también han pasado jugadores que no traen buenos recuerdos a la afición, como Royston Drenthe o incluso Denis Cheryshev.