La soberbia temporada que firmó hace ya dos años con el Deportivo Alavés, al que entre otras cosas guió a la final de la Copa del Rey, provocó que volviera rápidamente al Real Madrid. Además brilló en el Europeo sub’21 de 2017 con España, alcanzando la final. Pero el curso pasado apenas tuvo protagonismo.

No era Marcos Llorente muy del gusto de Zinedine Zidane, que pese a alinearlo en 23 partidos no le dio casi minutos de responsabilidad ante rivales fuertes. Esto además provocó que el mediocentro perdiera confianza y en ningún momento llegara a mostrar su nivel. De hecho el pasado verano estuvo cerca de salir.

Casi todos los clubes de Primera División preguntaron por él para una cesión, pero Julen Lopetegui no abrió la puerta a su salida. Y sin embargo tampoco contó demasiado con él. Ha sido Santiago Solari quien, tras ver el desaguisado provocado por el Eibar en su medular aprovechando la ausencia de Casemiro, ha aplicado lógica para ubicar allí a un jugador que conoce la demarcación y que además ha aprovechado su oportunidad.

Sus actuaciones ante AS Roma o Valencia, dos compromisos ya de nivel, dejaron satisfecho a todo el mundo. En ellos exhibió su potencial físico y también su buen criterio para distribuir la pelota, su gran manejo de los tiempos del partido y su consistencia defensiva. Solamente tiene 23 años, sigue siendo un auténtico diamante en bruto.