El pasado mercado invernal llegó a Sevilla como una ventana de posibilidades. Antes de terminar diciembre, el club decidía prescindir de los servicios de Eduardo Berizzo y darle la vuelta a la corriente de un equipo que no daba síntomas de tener una identidad propia sobre el terreno de juego, apostando por situar a Vincenzo Montella al frente del proyecto tan solo un mes después de que este fuera destituido del AC Milan.

El italiano no fue el único impulso del que se quiso dotar a la plantilla. El mes de enero ofreció un abanico amplio de futbolistas que podrían recalar en la ciudad de Nervión, donde 4 fueron el total de nombres elegidos. Dos defensas, un centrocampista y un delantero; Guilherme Arana, Miguel Layún, Roque Mesa y Sandro Ramírez. A priori, los tres últimos de elevado caché y que iban a convertirse en la revolución que el equipo necesitaba.

Ahora, situados ya en el mes de marzo, los prestigiosos refuerzos acometidos por Óscar Arias se han quedado con vagas respuestas. De hecho, el único que ocupa un rol fijo es Miguel Layún, aunque su nivel no es el mismo que se le recuerda de antaño. No obstante, este ha demostrado tener un peso mayor que el del resto de las incorporaciones, cuyas prestaciones no alcanzan el nivel esperado y que se les intuía.

Un fracaso de nombres propios

La apuesta por Sandro Ramírez se ha traducido en un fiasco total. Con 176 minutos a sus espaldas y cero tantos anotados, Montella lo considera la última de las opciones del ataque que actual dispone, prefiriendo de largo las actuaciones de Wissam Ben Yedder y Luis Muriel. En el caso de Roque Mesa, la situación es todavía peor con solo 67 minutos con la camiseta sevillista enfundado, llamando la atención la respuesta del técnico italiano al haberle dejado fuera de la convocatoria en numerosas ocasiones.

Para el centrocampista, la realidad no está siendo nada soportable. Tras desaperecer en el Swansea, no encuentra su espacio en Sevilla donde hasta Guilherme Arana, el fichaje de menos renombre y cuya aclimatación se encuentra en su primera etapa, ha tenido más minutos de juego que él.

La revolución que tanto esperaba el sevillismo se ha convertido en un profundo batacazo que no ha encontrado en el terreno de juego su reivindicación, lo que ha hecho que la estructura del equipo continúe siendo la misma y el único cambio positivo haya sido la reintegración al bloque de un imprescindible Steven N’Zonzi en la medular. Un fracaso total de la dirección deportiva que ha visto en el pasado mercado el segundo golpe a su gestión.