El pasado verano, el Sevilla decidió invertir nada menos que 25 M€ en la contratación de Jules Koundé, zaguero que venía de completar una extraordinaria temporada con el Girondins de Burdeos (51 partidos oficiales, 2 goles y 3 asistencias). El joven futbolista se convirtió así en el fichaje más caro de la entidad hispalense durante este periodo, al igualar el dinero pagado por Rony Lopes y superar con creces el abonado por Munas Dabbur, Diego Carlos, Luuk de Jong o Joan Jordán.

Dos meses después de arrancar la competición, la afición hispalense aún está a la espera de constatar si el esfuerzo económico mereció la pena. En este tiempo, el defensa ha jugado un papel bastante secundario en los planes de Julen Lopetegui, quien ha depositado su confianza en la pareja conformada por Diego Carlos y Daniel Carriço y solo ha recurrido al galo en dos choques de Europa League y en tres partidos de Liga (solo en uno de ellos ha sido titular).

Por si fuera poco, en esos encuentros que ha tenido la oportunidad de saltar al campo, el zaguero ha alternado momentos brillantes con graves errores de concentración. De hecho, ante el Eibar, sus despistes resultaron letales y condenaron al equipo a una dura derrota. «Entré mal, fue una falta de concentración mía. Tengo que mejorar esto porque en partidos como en Eibar que vamos ganando 0-2, no puede pasar. Cuando tú vas ganando en un campo difícil no puede pasar eso», reconoció el propio futbolista en conversación con el Diario de Sevilla.

Tiempo para reaccionar

Afortunadamente para él y para su escuadra, la temporada no ha hecho más que comenzar. Por delante resta casi todo un curso cargado de partidos en los que poder dar ese paso al frente y justificar su elevado coste. «Todos somos un equipo. Cuando el equipo juega bien es bueno para todo el mundo. Está claro que quiero jugar más, quiero ser titular, es mi objetivo. Pero espero mi momento y cuando entre en el campo seré el mejor. Ése es mi objetivo», aseveró.

Si Koundé despega definitivamente, el Sevilla se habrá garantizado una pareja de centrales más que competitiva de cara a los próximos años, ya que el otro zaguero recién llegado, el brasileño Diego Carlos (26 años), sí ha logrado aclimatarse al equipo desde el primer momento. «Pienso que soy algo peor que Diego Carlos en los duelos, pero me gustan. Quiero ser agresivo y aprender de él. Cada uno tiene sus cualidades y en un grupo es importante que haya muchas soluciones. Para el míster y para el equipo es bueno. Es una buena mezcla, hay jugadores con diferentes aptitudes y diferentes cualidades», añadió.