Atípica Supercopa de España esta de 2018. Es la primera vez que un torneo nacional se jugaba fuera de España, concretamente en Tánger, práctica habitual en otros países y que ha llegado al fútbol español. Todo sea por el futuro y los ingresos. Por otro lado, el partido llegaba menos de un mes después de la finalización del Mundial de Rusia, en plena resaca del mismo, a mediados del mes vacacional por excelencia, algo ya más habitual. También tras cambios importantes en la RFEF, con polémica por la fecha del partido, el cupo de extracomunitarios y el formato. Partido único, algo que garantiza más espectáculo pero que no gustaba al Sevilla. Tenía por tanto alicientes este encuentro, al que los andaluces llegaban más rodados por estar desde hace algunas semanas inmersos en las previas de la Europa League. Enfrente, el FC Barcelona, campeón del Doblete en 2018, que además de golear a los hispalenses en la final de Copa del Rey les arrebataba hace no mucho a uno de sus mejores defensas, Clément Lenglet, hoy titular.

Ernesto Valverde apostó por el galo y Arthur, sus dos primeros fichajes del verano, y dejaba fuera de la convocatoria Malcom, quizás para evitar problemas con los extracomunitarios y prevenir tentaciones. Aunque la decisión, como la de apostar por Munir en lugar de Paco Alcácer para el banquillo, es sin duda significativa. La otra noticia en la alineación del Txingurri era Rafinha y su decisión de volver al 4-3-3, algo que se había puesto en duda viendo los fichajes de este verano. Enfrente, Pablo Machín volvió a demostrar su gran repertorio táctico, y comenzó acertando. Apenas habíamos visto 8 minutos de juego cuando Pablo Sarabia, tras una serie de errores en cadena del cuadro culé y una gran actuación de Luis Muriel, batía a Marc-André Ter Stegen. Por si había dudas sobre si la escuadra andaluza debe renovarlo o no, el madrileño se encargaba de reivindicar su importante papel en este nuevo Sevilla. Comenzaba por tanto a pedir de boca el encuentro para los subcampeones de Copa, mucho más rodados en esta pretemporada que tuvieron que comenzar antes por las previas de la Europa League. Un gol en el que se estrenó además el VAR, para corroborar que el centrocampista sevillista no estaba en fuera de juego.

Esto propició que los de Nervión consolidaran su idea de replegarse, esperar atrás y robar para salir rápidamente en busca de los huecos que pudiera dejar el equipo catalán a su espalda. Ayudaba a este planteamiento el hecho de que la circulación de balón de los culés no fuera la idónea, demostrando que siguen de pretemporada y con un centro del campo inédito que no lograba acoplarse. Arthur Melo intentaba llevar la iniciativa pero sin éxito, le faltan automatismos. Y Rafinha, como lo hemos visto tantas veces en partidos importantes, no termina de confirmar esas buenas sensaciones que suele dar en pretemporada o ante rivales de menor entidad. Como siempre, y esto no cambia, era Lionel Messi el que generaba con sus movimientos las mayores jugadas de peligro. Estuvo especialmente activo con Jordi Alba (¡cómo no!) y con Ousmane Dembélé, a quien a diferencia de la temporada pasada vimos en banda izquierda. El francés muestra grandes cualidades pero le sigue faltando ese entendimiento del juego y esa madurez que dan los partidos. Aun así, el dominio fue azulgrana y también las mejores ocasiones tras ese gol de un Sevilla que se conformó con esperar ante un rival falto de ritmo que no lograba encontrar un juego de ataque fluido. Pero, cuando enfrente tienes al Barça de Messi, no te puedes relajar. En el tramo final del segundo acto, en una de las jugadas en las que los culés rondaban el gol (Vaclík lo había evitado con acierto en un par de ocasiones), Arthur forzó una falta de Éver Banega. Muy buena para Lionel Messi, que la ejecutaba con maestría pero se encontraba con el palo, si bien Gerard Piqué estuvo atento para lograr el empate en el rechace, juato al filo del descanso, y abrir un partido diferente.

Ousmane Dembélé explota al fin

No nos equivocábamos en que el escenario iba a ser diferente. No tanto en que el dominio siguió siendo barcelonista, sino en que el ritmo aumentó sin duda. Pronto Ernesto Valverde decidió mover ficha, acuciado por el gol del empate que poco antes había logrado Piqué. Y sus movimientos son toda una declaración de intenciones. Antes de que se cumpliera el primer cuarto de hora, Ivan Rakitic y Philippe Coutinho ocuparon el sitio de Rafinha y Arthur respectivamente. Parece que los dos brasileños pueden tener protagonismo en las rotaciones pero están lejos del nivel del equipo titular. Con la seguridad y el equilibrio que siempre da el croata, y la facilidad del brasileño para jugar entre líneas y combinar con Messi, el cuadro culé fue mejorando la velocidad y fluidez de su juego ofensivo, y siguió acumulando ocasiones. Aunque también sufrieron los campeones de Liga en las pocas ocasiones en que el Sevilla se asomó a su área.

Franco Vázquez tuvo el gol andaluz primero en su cabeza (con un remate que se fue al larguero) y en sus botas (en un disparo que se fue por poco a la izquierda de Marc-André Ter Stegen). En El Sevilla vimos debutar a André Silva y también tuvo minutos Aleix Vidal por Pablo Sarabia, que se fue contrariado pero a quien sin duda Machín quiere reservar para citas posteriores. Los andaluces se asomaron más al área culé que en el primer acto. Y por el lado azulgrana, emergía la figura de Ousmane Dembélé, quien tanto en banda izquierda como tras ser ubicado en banda derecha fue el mejor jugador de la segunda parte hasta su sustitución por Arturo Vidal en los compases finales. El francés no dejó de ofrecerse, buscar espacios y sobre todo demostrar que tiene ganas de que esta sea su temporada, tras su complicado debut del curso pasado. Viene nada menos que de ganar un Mundial con apenas 21 años, pero quiere triunfar en el FC Barcelona y por eso ha acortado sus vacaciones. Y tuvo premio.

Tras malograr una clara ocasión ante Tomas Vaclík, un portero hasta ahora casi desconocido pero que apunta a ser una gran apuesta para el Sevilla (como demostró con una parada de bandera Messi), Dembélé encontraba portería. En el minuto 78 el francés se inventó desde la esquina diestra del área un derechazo imparable para el meta sevillista, que desnivelaba el marcador. Un golazo por la ejecución y el momento en el que llegaba, ya que cuando el FC Barcelona no encontraba el gol él lo logró con un recurso que por desgracia apenas usa el equipo culé. Un disparo desde fuera del área, que en ocasiones sirve para provocar que las defensas salgan, y que los de Ernesto Valverde deberían emplear más. Así encontró el FC Barcelona el gol del triunfo, el cual no obstante pendió de un hilo hasta el final. De hecho, junto a Dembélé, Marc-André Ter Stegen se erigió en héroe al detener un penalti a Wissam Ben Yedder que hubiera supuesto el empate y por tanto la prórroga. El alemán, que claramente sigue por delante de Jasper Cillessen, ha vuelto a demostrar que sigue en un gran estado de forma. Al final la Supercopa se va para la ciudad condal, el que es el título número 33 de Lionel Messi (el máximo en la historia del club) y su primero como capitán. El Sevilla queda sin duda desilusionado, pero con la motivación de lograr su billete para la Europa League y con cosas argumentos para pensar que Pablo Machín tiene una idea que puede dar éxitos a su club.