Como ya adelantamos el lunes, Thomas Tuchel decidía dejar a Neymar en el banquillo para jugar contra el Real Madrid de inicio anoche. Aunque el buen juego desplegado por los blancos en la primera parte y su ventaja en el marcador, obligaban al entrenador alemán a darle salida a la vuelta del descanso.

Fue un cambio de sistema, un 4-2-3-1 en el que el brasileño se situaba como enganche por detrás de Mauro Icardi. Pasó desapercibido en defensa, donde apenas trabajó, y se mostraba inocuo en ataque, falto de ritmo y siempre bien vigilado por el sistema defensivo de Zinedine Zidane.

«No tengo miedo de que le vayamos a perder. Hablé con él y le dije que prefería que jugara en la segunda parte. Ha estado ausente durante seis semanas, sólo jugó un partido antes de este encuentro y no era necesario tomar ese riesgo. No quería que se volviera a lesionar. Necesitábamos defender mucho y tomé la decisión de que terminara y no de que comenzara. Lo hablé con él tranquilamente. Esta temporada jugó partidos un poco lesionado y tomé esta decisión por su salud. No era el momento de cambiar nuestra estructura, llevábamos cuatro partidos jugando de esta manera», argumentaba su entrenador sobre la decisión de dejarlo en el banquillo.

En resumen, y aunque participara casi veladamente en el gol del empate de Pablo Sarabia, una actuación discreta para quien fuera el gran objetivo estival del FC Barcelona, y que igualmente estuvo relacionado con los merengues. Falto de ritmo y de sintonía con sus compañeros, tendrá que mejorar mucho para volver a ser decisivo.