¡Cómo hemos cambiado! Fenómeno residual hace apenas unos años, cada vez son más los futbolistas españoles que hacen las maletas en dirección a otros campeonatos. Baste un somero vistazo y comparar los apenas 92 jugadores que jugaban fuera de nuestras fronteras en la temporada 2009-2010 con los más de 330 de la actualidad.

De este modo, resulta extraño el campeonato en el que no se encuentre algún futbolista español. Tanto es así que varios son los casos de jugadores que construyen una sólida trayectoria profesional en la que además de jugar al fútbol pueden ampliar horizontes en cuanto a idiomas, culturas y formas de ver la vida. Y si no, que se lo pregunten a nuestro protagonista. Central de 27 años formado en las canteras de Real Madrid y Valencia, el alicantino Kiko Insa ha pasado por seis países en las últimas temporadas.

Ahora se encuentra en Indonesia, donde desembarcó hace prácticamente cuatro semanas para defender los colores del Arema Cronus. Así, el que fuera jugador de Albacete, Alcoyano, Elche o Cartagena, ha pasado por un sinfín de destinos como Bélgica, Alemania, Islandia, Letonia o Inglaterra antes de llegar a Malang, ciudad del país asiático de la que nos separan la friolera de 12.802,42 kilómetros. Aunque su destino apuntaba a Malasia después de una opción fallida en Vietnam para fichar por el Nha Trang Khan Hoa, «dos días antes de firmar me llegó esta oferta y vine a hacer una prueba. Disputé un partido, jugué bien y me contrataron», según reconoce en contacto con Fichajes.com.

Apenas ha tenido tiempo para aclimatarse a Indonesia y su nuevo equipo. Sin embargo, esto no le ha impedido brillar en los primeros tres partidos que ha disputado con el Arema Cronus (victorias por 4-2, 4-1 y 2-0) e incluso destaparse como goleador, pues ya ha visto puerta en dos ocasiones. Así, el jugador señala que «de momento va todo muy bien. Hemos jugado tres partidos, hemos ganado los tres y además he marcado dos goles. Somos el único equipo que lleva nueve puntos y se ha clasificado para cuartos de final».

Ángel Ruiz, agente de Ruiz & Lopez muy vinculado con el jugador le define como «una persona muy decidida, con las cosas claras. Tiene una mentalidad muy fuerte. No todos los jugadores valen para marcharse a tantos kilómetros de casa. Nunca ha puesto ningún impedimento para ir a ningún sitio».

A la espera de que la FIFA levante la sanción sobre la Asociación Indonesia de Fútbol (PSSI) que le impide organizar la Liga (la cual debería comenzar en marzo), actualmente «estamos jugando un torneo que termina a finales de enero. Es una especie de competición de pretemporada. El año pasado la FIFA suspendió la Liga. La gente tenía muchas ganas de volver a ver fútbol y se organizó este torneo. Hay tres grupos y pasan dos equipos de cada grupo, luego se pasa a eliminatorias. Es una competición para volver a reenganchar a la gente, pues estaba todo parado», apunta el zaguero. Fue precisamente esta suspensión de la Liga la que provocó que otros españoles como Cristóbal Márquez, Cristián Portilla o Jorge Gotor hicieran las maletas y dijeran adiós.

El propio Ángel Ruiz destaca que «con la afición que hay, la gente no puede estar sin fútbol. Allí se vive mucho. Desde hace varias temporadas había una Liga oficial y otra no oficial, y este año se juntaron todos los equipos en una oficial. Sin embargo surgió esta situación y no ha durado ni tres meses». Conocedor del fútbol y la vida del país asiático, el agente apunta que «es un país de contrastes. Por un lado encontramos grandes edificios y zonas de negocios, que chocan con otras zonas no tan modernas y urbes no tan desarrolladas. En cuanto al fútbol, es una locura. Las gradas siempre están llenas y la gente por la calle lo vive muy intensamente».

Fenómeno social

Lejos de lo que pudiera esperarse, la devoción del país asiático por el fútbol es total. Así, «a nuestro estadio vienen cada partido entre 30.000 y 40.000 espectadores. Es uno de los países de Asia que más afición tiene. Aquí se llenan los campos y la gente se vuelca con los jugadores. Vivo cosas que no había experimentado en la vida: Para salir del campo lo hacemos con miembros de seguridad porque la gente se tira encima. He jugado en seis países: Bélgica, Letonia… pero lo de aquí es increíble. Hoy, después de entrenar he tenido que hacerme hasta 300 fotos con aficionados» reconoce nuestro protagonista.

Ubicado en una urbanización junto al Resort que pertenece al presidente de su equipo, Kiko Insa comparte vestuario con Toni Espinosa, futbolista con el que ya coincidió en el Víkingur islandés y al que recomendó a su nuevo equipo. Consultado por el estilo de juego imperante en el fútbol indonesio, Insa señala que «todos los equipos intentan jugar el balón. Eso sí, la táctica y la organización no son las mismas. Aquí cada uno hace la guerra por su cuenta. Se carece de ciertos automatismos y ves como tus dos laterales van a la vez al ataque y te dejan vendido. Sin embargo, el nivel es alto. Son jugadores rápidos y llama la atención que, aunque parecen pequeños, son duros y pegan bastante». Del mismo modo, reconoce que «los entrenamientos duran mucho, pero la intensidad no es la misma. El nivel de exigencia no es el mismo que en España aunque los entrenos sean más largos». Además, «las instalaciones son normales. Son estadios viejos, pero cuando vas a jugar, al estar tan llenos y con tanta animación no te das cuenta y parecen otros», añade.

Hablar de su trayectoria profesional es hacerlo con un auténtico trotamundos. La conversación nos deja un sinfín de anécdotas de distinta índole, como cuando llegó a Rumania para firmar por el Poli Timisoara de Primera División y «después de cenar con el presidente y llegar a un acuerdo en la noche anterior, la mañana siguiente cuando iba a firmar querían que lo hiciera por prácticamente la mitad. Me engañaron después de viajar hasta allí». También estuvo cerca de jugar en el Al Zawra’a de Irak, tal y como recuerda. «Llegue a Bagdag para firmar con ellos. Me fui de España para allá sin avisar a nadie». Sin embargo, finalmente su familia terminó convenciéndole para no continuar y regresó a los diez días.

Antwerp, Namur, Hertha Berlin, Germania 07, Víkingur, Ventspils o Keflavík son algunos de los conjuntos por los que ha pasado el futbolista nacido en Cocentaina. A la hora de hablar sobre sus etapas, recuerda que Bélgica «fue mi primera experiencia y quizá la más difícil, pues no sabía inglés. Por suerte coincidí con dos jugadores argentinos y me ayudaron mucho». A la hora de recordar Alemania, el central reconoce que «es quizá el sitio donde he encontrado gente más cerrada y he pasado más frío. Lo bueno es que vivía en Berlín y la ciudad estaba muy bien».

La doble etapa en Islandia es quizá la que mejor recuerdo le ha dejado, y no duda en apuntar que: «Fue una gran experiencia. El país es precioso y vale la pena visitarlo. Además, me eligieron para el equipo del año en mi primera temporada».
También guarda un gran recuerdo de Letonia, donde señala que el Ventspils «es el mejor equipo en el que he jugado. Se trataba del campeón y disputamos la previa de Champions League. Hicimos un récord y ganamos 13 partidos consecutivos. El problema es que solo se hablaba ruso y era complicado comunicarse». En último término alude a Inglaterra, señalando que «fue buena experiencia, aunque es complicado hacerse con un hueco. En League 1 o League 2 no hay apenas españoles».

Después de seis países, el jugador tiene claro que «hay que saber adaptarse. No estás en España y la gente no va a cambiar, por lo que eres tú el que debes adaptarte». De cualquier modo, su concepción de Indonesia es inmejorable y espeta que «los extranjeros somos muy bien recibidos. Nos ven como ídolos. Yo personalmente estoy súper a gusto y la gente me trata muy bien. Los aficionados son increíbles». Clara muestra que si nos ve alguien en un centro comercial nos toca hacernos más de cien fotos con todas las personas que están por allí. Después de entrenar estás 40 minutos haciéndote fotos. Nunca me había sucedido algo así. Es como si fuéramos estrellas. Hay que saber valorar esto y aunque pueda parecer agobiante, no me desagrada para nada».

«He tenido suerte. Generalmente cuando vas a otro país lo normal es que llegues a un equipo que suela quedar en el centro de la tabla, pero yo lo he hecho por el que lucha por ganar la Liga y jugar la Champions de Asia. Esto hace que te puedan ver muchos equipos y puedas jugar en cualquiera de ellos. Es como si juegas en el Real Madrid, luego puedes hacerlo en el resto», destaca el jugador que al igual que su compañero Toni Espinosa está brillando en los partidos disputados hasta la fecha. Tanto es así que ya se habla en el país de la intención por parte del club de hacer un contrato de larga duración a ambos jugadores, si bien hay que esperar a la resolución de la FIFA que permita que la Liga se dispute, si bien Insa lo tiene claro: «Va a haber Liga. Si no es con la FIFA, será de un modo privado. En diciembre se sabrá la resolución definitiva, pero está arreglado en un 85%. Esta situación no le interesa a nadie: ni a equipos, ni a prensa, ni aficionados… por eso lo quieren solucionar».

Muy contento fuera de nuestro país, el zaguero es claro al ser consultado por un consejo a los jugadores españoles que dudan con abandonar España: «Les diría que se vayan. Es importante que no tengan miedo y den el paso. Fuera te van a tratar como una estrella y encima vas a cobrar más. Antes en Segunda División B se ganaba mucho dinero, pero eso ahora es algo impensable». Por último, nos muestra algo que podría mejorar la situación y es que «La Segunda B la veo mal montada. Con cuatro grupos no lo veo profesional. Por eso no hay dinero, al contrario que en Alemania o Inglaterra. Si únicamente hubiera un grupo la situación sería distinta…»

Se trata de una idea en la que coincide con Ruiz, quien apunta que «ahora mismo, conforme están las cosas en el fútbol español, cualquier jugador de Segunda División B puede ganarse la vida en el extranjero perfectamente y yo les animo a hacerlo. Si ahora pudiera estar jugando no me lo pensaría. Depende del destino, pero salir es una opción interesante desde el punto de vista económico como de calidad de vida y cultura».