Solamente tiene 32 años Arda Turan, los mismos que Lionel Messi, pero en el fútbol todo sucede tan rápido que parece que estuvo hace siglos en el FC Barcelona. De hecho sigue perteneciendo hasta junio a los culés que lo mandaron al Istanbul Basaksehir turco como cedido para librarse de su ficha.

Y probablemente también de él. Fichado en verano de 2015, en plenas elecciones a la presidencia, comenzó ya con mal pie su etapa en el cuadro culé. Afirmaba a su llegada que «no quería correr tanto como en el Atlético de Madrid de Diego Simeone», donde era figura. Y quería levantar la Champions League, trofeo que los catalanes no han olido desde su llegada.

No pudo jugar hasta enero de 2016 por la sanción de la FIFA y su primera y discreta media temporada se justificó por falta de ritmo. Después no hubo manera de sostenerlo. Un caso similar al de Philippe Coutinho, aunque su declive fue más rápido: llegó al club para una posición que no existía, no encontró su lugar y no convenció.

Al final los catalanes tuvieron que darle salida a mediados de enero de 2018 por la puerta trasera, en la primera temporada de Ernesto Valverde. En Turquía, donde ya había protagonizado incidentes con la selección (en España también tuvo gestos y acciones antideportivas para el olvido), su cuesta abajo siguió.

Hace meses era detenido por disparar un arma en un hospital y esta semana se conocía su condena, de más de dos años de cárcel que no cumplirá. La polémica ha eclipsado su incontestable talento y su carrera parece ya difícil de reconducir.