Ya desde su debut, Nicklas Bendtner no ha dejado nunca indiferentes a los seguidores del fútbol europeo. Reclutado por el Arsenal a la temprana edad de 16 años y catalogado como una de las grandes esperanzas del fútbol danés, el delantero pronto se desvió del buen camino. Su ego sobredimensionado y sus aventuras extradeportivas lo convirtieron en una especie de mito para muchos aficionados. Ahora en Noruega, cerca de su casa, ha encontrado al fin su mejor versión.

Tiene 29 años y viene de firmar nada menos que 22 dianas en 40 partidos con el Rosenborg en este 2017 que se va terminando. Llegó este mismo año después de pasar por el Nottingham Forest, equipo al que fue tras salir del Wolfsburgo. Antes, fue un jugador que pasó sin pena ni gloria por el Arsenal, donde siempre fue un suplente que afrontó cesiones a clubes como Sunderland o Juventus, sin asentarse nunca en ninguno de sus destinos.

Ahora ha encontrado una gran regularidad y además sueña ya con poder acudir al Mundial de Rusia para ayudar a su selección. «Antes de llegar aquí, ya no quería jugar al fútbol. Me tomó mucho tiempo entender lo que estaba mal. (...) Vine aquí y encontré el amor propio para jugar al fútbol», afirmaba el ariete en una reciente entrevista.

Cuando pocos lo esperaban, este goleador que ha tenido una gran experiencia al máximo nivel en los clubes anteriormente citados, y que era esa figura que nunca llegaba a despuntar del todo en el cuadro de los gunners, ha encontrado su lugar. No es un destino de primer nivel pero por lo que se ve le sirve para ser feliz.