Ahora tiene 53 años, es un entrenador ya consolidado en Europa y especialmente en Inglaterra, pero desde 2013 no logra levantar cabeza. Ese año David Moyes decidió dejar el Everton, donde se había forjado un nombre al haber consolidado un proyecto atractivo y exitoso, para suceder a Alex Ferguson en el Manchester United.

Tras más de dos décadas al frente de los diablos rojos lo dejaba, y tras mucho debate la decisión que se tomó fue la de darle a Moyes el puesto, avalado por su gran trabajo en Goodison Park, como decíamos antes. El resto es historia: acabó destituido antes de finalizar el curso y fue suplido por un Ryan Giggs que hizo de entrenador-jugador.

La prensa se cebó con él, fue objeto de burlas y memes en la red, incapaz de saber gestionar el legado de su predecesor aunque también víctima de un equipo con mucha edad, en decadencia y que tenía muchas carencias (algunas de las cuales siguen sin estar resueltas). Pero no tardaría en encontrar trabajo.

La Real Sociedad lo contrató por sorpresa a mitad del curso siguiente, y en un principio cayó con buen pie, incluso acabó la campaña. Pero hace aproximadamente un año fue cesado de forma fulminante. Hasta que en verano encontró trabajo en el Sunderland, donde llegó como relevo de Sam Allardyce, que fue contratado como seleccionador inglés (y que tampoco acabó bien en ese puesto).

Ahora los black cats marchan en la última plaza de la Premier League, incapaces de remontar el vuelo y sin haber logrado una sola victoria hasta la fecha, ya que únicamente cuentan 2 puntos en su haber. Un mal inicio para este entrenador que parece ser perseguido constantemente por una maldición.