Si hubiera que encontrar una palabra para definir a Paulo Henrique Ganso, ésa sería, sin duda, elegante. Dotado de una excelente visión del juego y de un sensacional toque de balón, el brasileño explotó en el Santos junto a su compañero y amigo Neymar, pero desde entonces, sus trayectorias han sido diametralmente opuestas.

Y es que, mientras el atacante comenzaba una imparable progresión que le ha llevado a defender los colores de uno de los conjuntos más importantes de Europa, el FC Barcelona, el centrocampista veía como una sucesión de lesiones le impedían consolidarse en la élite del fútbol canarinho.

Por si fuera poco, su traspaso al Sao Paulo tampoco ha dado los resultados esperados. El futbolista había rechazado el interés de clubes tan importantes como AC Milan, Real Madrid o París Saint-Germain, porque consideraba que la entidad paulista le ofrecía mayores garantías de juego, sin embargo, entre los citados problemas físicos y la decisión del por entonces entrenador del equipo, Ney Franco, de apostar por Jadson, su primer curso en Morumbi se saldó con unas pobres estadísticas.

Por fortuna para él, durante el pasado mes de septiembre, la directiva decidió situar en su banquillo a Muricy Ramalho, técnico que había facilitado el arranque profesional de Ganso en el Santos y que, como cabía esperar, decidió reintegrarle el protagonismo perdido durante los últimos meses.

Poco a poco, la confianza del técnico va dando resultados. El pasado miércoles, el centrocampista se sacó de la chistera un golazo de esos que sólo están a la altura de los jugadores con talento desbordante y, de paso, volvió a dar crédito a aquellos que aún confían en su recuperación. ¿Le dará el fútbol una segunda oportunidad?