Cuando el gol se lleva en la sangre, la edad no importa. Que se lo pregunten a Luca Toni. A sus 37 años, el italiano acumula 19 goles en 35 partidos de Serie A y se encuentra a sólo uno del futbolista que encabeza la tabla de máximos goleadores del torneo, el argentino Carlos Tévez... otro treintañero (cumplió 31 en febrero).

La del gigantón italiano (193 cms., 88 kgs.) es la historia de uno de sus futbolistas que se niegan a darse por vencidos. Cuando en enero de 2012, el ariete fue reclutado por el Al Nasr de Dubai hasta sus más acérrimos seguidores consideraron que el jugador había entrado en el declive de su carrera. Nada más lejos de la realidad. Apenas unos meses después, la Fiorentina le ofreció la oportunidad de regresar al Calcio y el de Pavullo nel Frignano, un coqueto municipio de la provincia de Modena, no la desaprovechó.

Su aterrizaje en el cuadro viola se produjo casi por sorpresa. Los florentinos tenían atado a Dimitar Berbatov, pero el búlgaro, otro viejo rockero, pegó la espantada y se comprometió con el Fulham. Entonces, casi como remiendo de urgencia, los del Artemio Franchi decidieron apostar por un ariete que les devolvió la confianza aportando 8 goles en 28 partidos.

Un verano después, tras agradecerle los servicios prestados, la Fiore le enseñó la puerta de salida y el jugador buscó cobijo en un recién ascendido que andaba necesitado de experiencia para sobrevivir en la Serie A, el Hellas Verona. Y allí, bajo la batuta de Andrea Mandorlini, un técnico que no se ha molestado en mirar su DNI, Toni ha vuelto a sentirse joven y a dar rienda suelta a su instinto anotador (acumula un total de 41 goles en 72 partidos).