El pasado 3 de diciembre, el Inter de Milán derrotaba por un contundente 5-0 al Chievo Verona y se postulaba como un serio aspirante al título de Serie A. Dos meses después, los nerazzurri se mantienen en tercera posición de la tabla, pero los 15 puntos que les separan del líder de la competición, el Nápoles, invitan a pensar en que habrá que esperar como mínimo otro año para soñar con el momento de levantar el Scudetto.

En esta pérdida casi absoluta de opciones ha jugado un papel determinante la mala racha de resultados que ha atravesado el equipo en este periodo. Desde aquel contundente triunfo, los lombardos han acumulado nada menos que seis empates y una derrota. De hecho, no fue hasta ayer mismo, 11 de febrero, cuando lograron cortar esta decadente trayectoria con una trabajada victoria ante el Bolonia (2-1).

Además de por este evidente motivo, el choque frente a los de Roberto Donadoni también resultó muy importante para la entidad porque sirvió para constatar la progresión de un futbolista que, tal vez, podría dar al equipo esa cantidad de talento que tanto necesita: el francés Yann Karamoh.

Fichado el pasado verano por algo más de 5 M€, el atacante partió como titular en un partido de Serie A por primera vez en lo que llevamos de temporada y resultó decisivo para que los de Luciano Spalletti se llevasen el triunfo. El punta, de apenas 19 años, participó activamente en el primer tato de los suyos, anotado por Éder, y se encargó de firmar el segundo, el que a la postre sirvió para decantar el marcador a favor de los locales.

Aunque aún es pronto para sacar mayores conclusiones y valorar si está capacitado para liderar al Inter, el hecho de que el jugador fuese despedido con una ovación en el momento de ser cambiado por Roberto Gagliardini ya resulta significativo. Y es que, en estos tiempos que corren, en el Giuseppe Meazza son más dados a pitar y a abroncar que a mostrar algo de cariño por sus jugadores…