Ni el más pesimista de los aficionados se imaginaba un escenario así. El 7 de junio de 2015, con el reloj cercano a marcar las 8 en punto de la tarde, Osasuna se precipitaba hacia el abismo de Segunda B. Los navarros habían llegado al último partido dependiendo de si mismos y, encima, se medían a un rival ya desahuciado, el Sabadell. Todo pintaba de un color más o menos agradable hasta que Aníbal, cuando aún corría el minuto 17, marcaba el 2-0 para los arlequinados. De repente, la salvación se convirtió en casi una quimera para un equipo que había vivido sobre el filo durante casi toda la campaña.

Por suerte para la parroquia rojilla, en el trepidante guion del choque aún quedaba espacio para la épica, encarnada en las paradas salvadoras de Asier Riesgo, en el esperanzador tanto de David García en el minuto 76 y en el definitivo empate establecido en el 90 por todo un clásico del equipo, el zaguero Javier Flaño. «No nos hemos relajado, nos hemos confiado y al final se ha visto que cuando nos confiamos somos muy malos. Pero si tenemos intensidad podemos ganar a cualquiera. Afortunadamente, hemos llegado a tiempo para quedarnos en Segunda», reconocía su técnico Enrique Martín Monreal, al término del choque.

El navarro era el tercer entrenador que pasaba por el banquillo de El Sadar en la misma campaña. Tras el fracaso que supusieron las sucesivas apuestas por Jan Urban y José Manuel Mateo, la directiva decidió entregar las riendas al mismo hombre que en 1997 ya les había librado de caer a la división de bronce. Aunque llevaba 7 años sin dirigir a ningún equipo, el preparador aceptó el reto por su condición de osasunista de corazón (desarrolló toda su carrera como jugador en el club) y condujo al equipo hasta la salvación. La Bruja de Campanas volvía a obrar el milagro.

La continuidad de Enrique Martín y las claves del liderato

Pese a que tenía apalabrada la llegada de un nuevo técnico para el curso 2015-2016, la directiva recapacitó durante los días posteriores al choque frente al Sabadell y decidió renovar su confianza en Martín Monreal. Cinco meses después, ya puede decirse que su decisión fue completamente acertada.

Hoy, tras 14 jornadas de Liga, Osasuna comanda la tabla. Los navarros se han transformado en un equipo sólido y eficaz que sabe a lo que juega y que no pierde el tiempo en debates estériles sobre el estilo. «Esta categoría es lo que es, mantener la puerta a cero y dejarnos de tonterías», recalcó su entrenador tras el último choque ante el Real Valladolid (victoria por 0-1).

Por eso, porque entiende a lo que se juega en la rocosa Segunda División y porque su plantilla es una más que interesante miscelánea entre la experiencia que aportan los hermanos Flaño o el inagotable Nino, la solvencia de los siempre comprometidos Oier y Roberto Torres, o la calidad y aire fresco de los David García, Unai García o Mikel Merino, el cuadro pamplonés se ha ganado el derecho a soñar con un merecido retorno a Primera y, con lo que es más importante, un futuro en el que ni la nefasta gestión de sus dirigentes tenga más peso que su historia (95 años le contemplan). «Creo que Osasuna se está regenerando. Está volviendo a crecer en el sentimiento, espero que este sea el inicio de un trayecto que antes de cumplir los 100 años nos lleve a Primera División», evocó el propio Martín Monreal aquella agónica tarde en la que logró dar al fin con la puerta de salida del infierno.