No hace mucho, cuando el fútbol español vivía inmerso en una burbuja, emigrar en busca de nuevos retos era una osadía. Hoy en día, con muchos clubes al borde del desahucio, traspasar nuestras fronteras es casi una necesidad. De hecho, países tan lejanos y escasamente mediáticos como Bielorrusia son ahora un excelente lugar para mantener vivo el sueño de cualquier futbolista profesional.

Hasta esa antigua República Soviética han tenido que volar Manuel Bleda, Daniel Olcina y José Luis Miñano, tres jugadores de nuestro país que tratan de abrirse paso en una liga en la que se forjó el exfutbolista de Arsenal y FC Barcelona, Aleksandr Hleb, y en la que el BATE Borisov, conjunto que llegó a derrotar al Bayern Múnich en la Champions League del curso 2012-2013 (3-1), ejerce un dominio absoluto.

- Daniel Olcina (25 años, Torpedo Zhodino)

La misma temporada (2009-2010) que logró cumplir su gran sueño profesional, debutar con la primera plantilla del Valencia (ante el Stabaek en la Europa League), Daniel Olcina se vio obligado a abandonar el club. El filial ché firmó una pésima campaña y perdió la categoría, y la entidad, lejos de valorar su progresión y talento, aprovechó el fin de su contrato para enseñarle la puerta de salida. «El Valencia lo es todo para mí. Mi debut fue espectacular. Pisar Mestalla es algo que sueñas desde bien pequeñito, igual que poder jugar con jugadores de la calidad de Mata, Joaquín o Banega. Disfruté con ellos una pretemporada en Holanda, pero esa misma campaña, las cosas con el filial no salieron nada bien y descendimos. Ese año acabé contrato, no se renovó y tuve que salir del Valencia. Por supuesto que hubiese querido formar parte más años de mi carrera de un club tan grande como el Valencia CF», recuerda.

Tras abandonar el conjunto valencianista y pasar tres años en los humildes Alcoyano, Olimpic de Xativa, Ontinyent (donde completó su recuperación de una operación de tobillo) y Muro de Alcoy, el mediapunta recibió la llamada del Torpedo Zhodino, conjunto que sucumbió rápidamente a su notable manejo de balón y su capacidad para moverse por todas las zonas del ataque. «Convencí al cuerpo técnico cuando llegue a pasar una prueba y cuando he estado disponible siempre he podido jugar ganándome la confianza del míster. Espero jugar los máximos partidos posibles en esta liga y ayudar al equipo a conseguir sus objetivos», indica.

A 3.431 kilómetros de su Albaida natal, Olcina no sólo ha encontrado un estilo de juego más físico y directo, también ha descubierto un país donde reina la amabilidad y el respeto por el bien común y en el que la popularidad del vodka supera con creces a la de cualquier otra bebida. «La gente en Bielorrusia es muy amable, muy social, cuidan muchos los detalles. Nunca tiran las colillas al suelo y mantienen todo muy limpio. En cambio, el tráfico es muy desordenado y es fácil ver tres coches adelantándose a la vez. En sus comidas también es muy típico ver botellas de vodka en vez de agua», relata.

- José Luis Miñano (26 años, Torpedo Zhodino)

Aunque tampoco logró encontrar la vía para acceder al primer equipo, José Luis Miñano aprovechó su pasó por el Valencia Mestalla para crecer como futbolista y compartir experiencias con jugadores que ahora militan en Primera División. «En el Valencia pase 3 grandes años. El primero tuve la desgracia de pasar por el descenso a Tercera, aunque al año siguiente me pude quitar esa espina con el ascenso, y el último año me pude despedir con el buen sabor de boca de la permanencia. He tenido la suerte de coincidir con jugadores como Isco, Paco Alcacer, Montoro, Carles Gil, Juan Bernat... Sin duda un verdadero orgullo y privilegio haber compartido vestuario y terreno de juego con ellos y ahora poder verlos triunfar», asegura.

Finalizado el periplo ché, el centrocampista vivió una breve experiencia en el Huracán, el conjunto desde el que emprendió el largo viaje hasta un torneo bielorruso en el que su capacidad para conducir el balón pegado al pie y su visión de juego resultan especialmente llamativas. «La primera división de aquí se podría comparar con la Segunda B de un grupo fuerte de España. Casi todos los equipos tienen un juego directo de contraataque, menos algún equipo de arriba que les gusta tener más la posesión del balón. Pero en general es más un fútbol físico de contacto que de técnica. Algo diferente a lo que estamos acostumbrados a ver en España», reconoce.

Pero acostumbrarse el áspero estilo de la Vysshaya Liga no ha sido el reto más difícil que ha tenido que superar el alicantino. «Cuando llegue en enero para empezar la pretemporada teníamos que entrenar a unos -20 -25 grados casi todos los días y la verdad es que pasar pretemporadas en España a casi 40 grados y venir aquí y encontrarte esto no es nada fácil de sobrellevar. Fue una experiencia muy dura e inolvidable, en esos momentos es cuando valoras muchas otras cosas que no hacías antes», comenta.

- Manuel Bleda (23 años, Belshina)

La historia de Manuel Bleda es muy similar a la de Miñano y Olcina. Eso sí, a él, la oportunidad de jugar al más alto nivel estuvo a punto de brindársela el Levante. Sin embargo, el ariete no tuvo la suerte que en muchas ocasiones marca una carrera y se vio obligado a probar fortuna en otras escuadras más modestas. «Me quedo siempre con el recuerdo de las aficiones de los equipos en los que he estado. Mi debut en Segunda División con el Castellón también fue muy bonito, la pretemporada con el primer equipo del Levante... Al Alzira me gustaría darle las gracias por todo, porque después del año que tuve por la lesión ellos me ayudaron a recuperarme», recuerda.

Hace unos meses, gracias a la labor de su representante, el atacante desembarcó en el Belshina, un conjunto en el que ha podido dar rienda suelta a su formidable juego de espaldas a portería, su capacidad de remate y su olfato goleador, y en el que ya disfruta del fervor de sus aficionados. «En el primer partido que jugué aquí, era uno de copa contra el Shakhter, se averió el autobús en el que viajábamos y nos cruzamos con otro en el que venían los seguidores del equipo y ellos no dudaron en bajarse del autobús para dejarnos sitio para que pudiéramos llegar al partido. Los aficionados están dispuestos a todo. Te ven por la calle y te dan las gracias aunque hayas perdido el partido. Te animan continuamente», relata.

Aunque la distancia pesa sobre el ánimo de cualquier emigrante, Bleda asegura sentirse feliz en una tierra que poco tiene que ver con su Massamagrell natal. «Al principio, como para cualquier español que sale el extranjero, resulta difícil por tema de idioma y de comida, pero poco a poco con la ayuda de los compañeros vas aprendiendo el idioma y te vas soltando. Sales con ellos a comer y no hay ningún problema. Además siempre que puedo me escapo a Minsk con los otros dos españoles», concluye.