Europa League | La Real Sociedad no se permite ni soñar

La Real Sociedad se despidió de Europa tras empatar a cero en el partido de vuelta de una eliminatoria que ya había quedado casi vista para sentencia tras el choque de Turín. A los 12', Mikel Oyarzabal mandó a las nubes un lanzamiento de penalti y con el se esfumaron las escasas opciones de levantar el 0-4 que el Manchester United había cosechado en la ida.

Mason Greenwood conduce el balón ante Modibo Sagnan e Igor Zubeldia
Mason Greenwood conduce el balón ante Modibo Sagnan e Igor Zubeldia ©Maxppp

"¿Posibilidades de clasificarse? Es casi imposible, diría que no, no sé si hay alguien que le ha remontado un 0-4 al Manchester United". En la previa del choque, Imanol Alguacil se mostró tajante. Tras el desastroso partido de ida, el preparador de la Real Sociedad dejó claro que nadie en San Sebastián se atrevía ni siquiera a soñar con una remontada en Old Trafford.

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No es posible saber si un 0-1 con casi 80 minutos por delante hubiese cambiado algo el resultado final, pero lo cierto es que cuando Daniel James arrolló de forma ingenua a Andoni Gorosabel en un lateral del área y el árbitro señaló el punto de penalti, muchos aficionados donostiarras llegaron a sentir ese leve balanceo que la inquietud suele generar en el estómago. Fue, eso sí, una sensación pasajera, casi inapreciable, porque antes de que el corazón pudiese inquietarse, Mikel Oyarzabal envió el esférico a las nubes.

Lo que vino después fue, ya sí, más o menos lo esperado: una Real muy digna y encomiable en el esfuerzo y un Manchester United jugando con la tranquilidad que da el hecho de saber que el trabajo ya está hecho. En consecuencia, el partido avanzó hacia el descanso con una cierta despreocupación, con el balón circulando ágil de aquí para allá y los futbolistas moviéndose con la ligereza que suele acompañar a la falta de presión.

Muchos cambios, un rodillazo y un final ya escrito

El paso por vestuarios reafirmó lo que ya era una evidencia, que tanto Alguacil como Ole Gunnar Solskjaer llevaban ya un buen rato pensando en su próximo partido. Ambos apostaron por dosificar esfuerzos y el encuentro se reanudó con nada menos que cinco caras nuevas (tres en el equipo local y dos en el visitante). Quedaba claro que lo que pudiese pasar en los 45 minutos restantes no iba ya a quitarles demasiado el sueño.

Quien sí pudo perder algo más que el sueño fue Jon Bautista. A los 62', en un córner botado desde la izquierda, Victor Lindelöf le propinó un tan violento como innecesario rodillazo en la cabeza al tratar de rematar el esférico. El delantero quedó tendido en el verde durante unos minutos en los que tal vez tuvo tiempo hasta para ver alguna estrella más de cerca. La absurda acción del central sueco se saldó con amarilla y dejó sin validez el posterior remate de Axel Tuanzebe, quien sí había sido capaz de contactar con el balón de una forma más académica. Por cierto, fue el VAR quien aclaró lo ocurrido, ya que Lawrence Visser no se había enterado de nada.

Tras este lance, el partido entró en cuesta abajo y se fue diluyendo. Tal vez un gol habría dado algo más de vida a los minutos finales, pero lo cierto es que ni unos ni otros hicieron ya muchos méritos para lograrlo. Sea como fuere, la historia estaba ya escrita desde hace una semana y la Real ni siquiera se concedió la posibilidad de cambiarla.

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