Como es habitual en los últimos años, cinco selecciones africanas iniciaron el Mundial 2018 de Rusia. Túnez, Egipto, Marruecos, Nigeria y Senegal. Las tres primeras estaban eliminadas al término de la segunda jornada de la fase de grupos, mientras las dos últimas cayeron a última hora a manos de Argentina y Colombia respectivamente.

Contaban con más tradición en estas grandes citas durante los últimos años, y las vimos protagonizar hace no mucho gestas interesantes. Pero, una vez más, han quedado fuera de la lucha por el cetro mundial. Y no solo eso, sino que el retroceso del fútbol africano ha sido patente, al no tener representantes en octavos de final por primera vez desde 1982.

Como cada vez que se celebra una Copa del Mundo, uno de los alicientes era en este caso ver si al fin uno de estos combinados rompía el techo de cristal y accedía por vez primera a las semifinales de un Mundial, algo que ningún africano ha conseguido. No será esta vez, y tendremos que esperar a Catar 2022 para saber si es posible.

«Es un gran paso atrás para el fútbol africano. Alguna vez nuestro fútbol será exitoso pero tal vez debemos pensar en cómo llegamos a estas grandes competiciones. La CAF debería reconsiderar su estrategia y seguir adelante. Tenemos el potencial y el dinero pero necesitamos más que eso: la consistencia y la estructura que tiene el fútbol en Europa y Sudamérica», reflexionaba Didier Drogba al respecto hace solamente unos días.

Está claro que el potencial económico que pueden tener otros países que sí han colocado a sus equipos en la siguiente ronda es mayor, pero también es cierto que estas selecciones que han quedado fuera contaban en muchos casos con estrellas que brillan en los grandes clubes de Europa. El fútbol africano tendrá que esperar cuatro años más para subir ese ansiado escalón.