Después de que ayer viéramos una contundente goleada de Rusia, la anfitriona, ante una más que modesta Arabia Saudí, hoy abrían fuego las dos otras selecciones integrantes del grupo. Egipto y Uruguay acudían al partido presionadas ya por el resultado de ayer, y con poco margen de error porque apenas componen esta primera fase tres encuentros. Se trata de dos selecciones muy trabajadas que tenían aspiraciones de estar en octavos de final y no querían desaprovecharlas. A diferencia de ayer, vimos desde el inicio un choque mucho más igualado, entre dos conjuntos más sólidos y trabajados, con las ideas claras, si bien no pudieron terminar de llevarlas a cabo en el primer acto.

La otra gran noticia del choque estaba en las alineaciones, porque después de que ayer Héctor Cúper declarase que Mohamed Salah estaba al 100% para jugar, se quedó de inicio en el banquillo. Obviamente una baja como la del jugador del Liverpool la nota cualquier equipo, pero se hizo más evidente en uno que está ideado para resistir las acometidas del rival y dar zarpazos ofensivos rápidos, aprovechando transiciones relámpago para pillar en desorden a la defensa rival. Ese era el plan del entrenador argentino de los Faraones, que podemos decir le salió bien en el primer tiempo, pese a que los charrúas dispusieron de más ocasiones. Especialmente clara una de Luis Suárez en la prolongación de un saque de esquina, que el delantero del FC Barcelona mandó incomprensiblemente al lateral de la red cuando la parte uruguaya del curioso y atípico estadio de Ekaterinemburgo celebraba el gol.

Antes los sudamericanos habían llevado peligro por medio de Edinson Cavani, que acumuló un par de disparos lejanos en el primer acto. Y también cargando el juego constantemente por la banda derecha de Guillermo Varela, ya que por la izquierda ni De Arrascaeta ni Martín Cáceres estaban finos en ataque. Aun así, pese a que la iniciativa era de los uruguayos, no se les vio cómodos en ningún momento del choque, pues el gran sistema defensivo de Egipto interceptaba muchos pases peligrosos e impedía que Matías Vecino y Rodrigo Bentancur jugaran cómodos organizando los ataques posicionales. Por eso intentaron los de Óscar Tabárez acabar muchas jugadas de forma rápida, con disparos lejanos o pases filtrados que no llegaban a buen puerto. Egipto, por su parte, fiel a su plan, acumuló varias llegadas sin demasiado peligro sobre la meta de Fernando Muslera. De forma que veníamos de un primer acto con dos equipos que se tenían muy estudiados (algo habitual en estos partidos de debut de los Mundiales), y estábamos a la espera de acontecimientos que cambiaran el panorama en el segundo acto. Especialmente ansiosos también por ver al fin si la entrada de Mohamed Salah agitaba el partido en alguna dirección diferente.

Ritmo bajo y final agitado

La segunda parte comenzó de manera fulgurante, con la segunda ocasión más clara del encuentro hasta entonces, a cargo de nuevo de Luis Suárez, tras un fenomenal pase de Edinson Cavani a la espalda de la defensa egipcia que el delantero culé disparó al centro y detuvo El-Shenawy. Otra ocasión importante fallada por el goleador azulgrana, que esta tarde no tenía su día, en un partido en el que se le vio más comedido de lo habitual en sus protestas, quizás con el recuerdo fresco de lo sucedido hace cuatro años ante Italia. Aun así, no generó tampoco mucho peligro la selección de Tabárez en ese segundo acto, pese a que el dominio de la pelota fue suyo en todo momento. Posesiones largas pero sin profundidad de un equipo poco acostumbrado a dominar los encuentros ante un rival perfectamente ordenado y encerrado, que esperaba con 10 hombres por detrás de la pelota, en una línea de 4-5 donde las ayudas eran constantes.

Egipto, por su parte, se confiaba a llegadas esporádicas del talentoso Amr Warda o el combativo Trézéguet, sus hombres de banda. Pasaban los minutos y era cada vez más evidente que Mohamed Salah no estaba para jugar hoy, que Cúper había jugado al despiste porque ni siquiera calentó. Pese al dominio charrúa, el juego iba más por la estrategia planteada por los africanos, que se encontraron cómodos en un ritmo bajo de encuentro, que solamente se elevaba en sus rápidas transiciones. Porque Uruguay, pese a su dominio, no elevó nunca la intensidad ofensiva y esto provocó su falta de profundidad. Aun así, el peligro de la dupla Cavani-Suárez siempre está latente, de forma que en el minuto 73 una nueva combinación de ambos jugadores dio otra ocasión clara a Luis Suárez, que errático de nuevo dudó en disparar ante El-Shenawy primero, quien se aprovechó de su indecisión para arrebatarle el primer gol del encuentro cuando ya se cantaba. Apenas 10 minutos después, el guardameta egipcio volvía a deslumbrar con una parada muy plástica ante un disparo marca de la casa de Edinson Cavani. Una gran volea del delantero del PSG tras otra precisa combinación con su compañero Luis Suárez. Apretaba Uruguay en los minutos finales en busca de ese tanto que le diera el triunfo.

No lo marcó tampoco Edinson Cavani con una falta que mandó al palo en el 88’, en la que parecía la última ocasión clara de que dispondría Uruguay. Pero los charrúas nunca se rinden, y finalmente acabó por encontrar el premio esta combativa selección a su esfuerzo y ganas de poner fútbol ofensivo durante el encuentro. El protagonista: inesperado. José María Giménez cabeceaba a la red una falta lateral de forma impecable, para poner justicia en el marcador y dar a la doble campeona del mundo sus tres primeros puntos en este Mundial. Un remate certero al más puro estilo de Diego Godín, al segundo palo y demostrando su poderío.

La semana fantástica de José María Giménez

El defensa del Atlético de Madrid juega a sus 23 años su segundo Mundial, afincado como un baluarte de la retaguardia del combinado entrenado por Óscar Tabárez. Y viene de haber renovado esta misma semana su contrato con el cuadro colchonero, donde seguirá siendo pieza clave de un Diego Simeone que ha sabido explotar perfectamente sus virtudes.

Gana el equipo rojiblanco un gran zaguero para muchos años, o más bien lo mantiene, y desde hoy es nuevo héroe de su país gracias a ese espectacular testarazo en la recta final del duelo. Pero no solamente ha intervenido en el gol, ya que se ha mostrado impecable en las acciones defensivas en las que ha tenido que intervenir, que no han sido muchas, manteniendo siempre a raya a los delanteros egipcios. Ha sido sin duda el jugador destacado de este rocoso encuentro.