«Convivir con las críticas en un club como el Barça es algo inevitable. En los equipos grandes siempre se quiere arrollar, jugar bien, marcar muchos goles y que te hagan pocas. A veces te critican porque no has generado mucho peligro aunque no hayas concedido nada». Así hablaba hace unos días Ernesto Valverde en la rueda de prensa previa al partido ante el Villarreal.

El FC Barcelona vs haciendo los deberes: es líder en la Liga, está clasificado como primero de grupo en Liga de Campeones a falta de una jornada (y no era un grupo sencillo) y ha accedido a octavos de final de la Copa del Rey. Pero el equipo no convence. La sangría de goles en contra que sufre y que no se ha atajado, la falta de alegría en su juego ofensivo y su incapacidad para gobernar los partidos tienen nerviosos a muchos aficionados.

El propio entrenador ha sufrido la presión en sus carnes, y la ha exteriorizado ya en alguna rueda de prensa, donde ha pasado de ser un tipo tranquilo y coherente a casi perder los nervios con alguna pregunta. A muchos aficionados, prensa y entorno no les gusta su tardanza en los cambios (que se achaca a una escasa capacidad de reacción ante la adversidad) y también su falta de oportunidades a los canteranos. Quizás con Carles Aleñá pueda redimirse de esto último.

«Miro donde creo que debo mirar. Observo al primer y al segundo equipo. Frente al PSV debemos salir con la máxima tensión ya que, aunque estemos clasificados, nos estamos jugando el primer puesto del grupo y por lo tanto aunque hayan venido canteranos no debemos especular», respondía visiblemente contrariado en Eindhoven al ser cuestionado por la escasa participación de los canteranos.

Todos los caminos llevan a Roma

Pero la situación que ahora parece enquistada, y que se podría aliviar con una buena serie de resultados positivos en Liga, tiene sin duda un origen que nadie olvida: Roma. Algo se rompió en el club aquella noche del 10 de abril en la ciudad eterna cuando el cuadro giallorosso remontó ante la perplejidad de todos y dejó a los culés sin Liga de Campeones. El golpe sigue escociendo y no se superará como mínimo hasta la primavera que viene. Pero queda mucho.

Entre medias debería (o no) dirimirse la propia continuidad de un entrenador que esta temporada no lo está teniendo tampoco fácil en el campeonato doméstico, el cual si se gana no será con tanta holgura. De manera que el acontecer de las semanas irá resolviendo las dudas que pueda haber.

Porque sabe Valverde que solamente triunfando en Madrid el 1 de junio, llevando la sexta Copa de Europa a las vitrinas del Camp Nou, podrá superar del todo ese trauma del pasado curso y entrar con todos los honores en el cuadro de los mejores técnicos de la historia de la entidad. A lo mejor si los catalanes llegan a ese anhelado partido del Metropolitano ya sabemos su futuro. O quizás no.