La temporada 15/16 entró en acción con gran expectativa para la UD Las Palmas. Tras varias temporadas en Segunda División, el conjunto canario regresaba a la categoría de oro del fútbol español e intentaría consolidar su posición en la misma. Una lucha que no comenzó como se esperaba y que supuso la destitución de Paco Herrera en la jornada 8, dando lugar a la llegada de un inexperimentado en Primera como Quique Setién.

El cántabro, apostó por una identidad reconocible y una propuesta atrevida que se saldó con la salida del equipo de puestos de descenso y una segunda vuelta de la competición en la que sumó 27 puntos, con un último tramo impensable para los aficionados del conjunto de Gran Canaria que vieron como se solventaba de sobra manera la permanencia y se asentaban en la mitad de la tabla, cerrándola en el puesto 11.

La 16/17 comenzaba con la presencia ya visible de Setién en el banquillo y un equipo que pujaba desde el inicio por alcanzar cotas aún más altas que aquellas de la temporada pasada. Una primera mitad de campaña extraordinaria que rompió su tendencia con el anuncio del técnico de su marcha el siguiente verano. Un declive deportivo que empantanó al equipo, dejando evidencia con sus resultados donde perdió 6 de los últimos 7 partidos de Liga.

Un bloque, el de aquel entonces, del que ya no queda ni el capataz ni los marineros que hicieron soñar a toda la isla, siendo Jonathan Viera era el último de los miembros más reivindicativos en aquel once de Quique Setién, perdidos en el camino los nombres de Kevin-Prince Boateng, Roque Mesa, Willian José o Aythami. La salida de Viera marca el punto final a una historia que podría, a la postre, saldarse con el regreso del club a la Segunda División, reportará eso sí una gran cantidad de dinero a la UD Las Palmas en la venta del jugador, y un 30% de un futuro traspaso que podría aumentar aún más su beneficio. La última nota positiva de un triste y casi irreversible desenlace.