Bélgica viene de caer en cuartos de final en el Mundial de Brasil y en la Eurocopa de Francia. En ambos torneos y sus fases de clasificaciones correspondientes, los diablos rojos dejaron buenos detalles de calidad, grandes sensaciones y una estupenda generación de futbolistas que poco a poco ha ido ilusionando con buenas actuaciones en las mejores ligas europeas. Pero como combinado nacional a Bélgica le falta todavía una gesta grande en una cita importante. El equipo de Roberto Martínez llegaba por tanto a esta Copa del Mundo con ese reto, en un grupo a priori asequible, con estrellas en un gran estado de forma y con una clara idea de juego. Siempre en duda su solidez defensiva, pero poco a poco había que ir testando a esta selección en el torneo para saber el alcance de sus expectativas. Y el primer examen era Panamá, una selección poco acostumbrada a estas citas pero que venía de dar la sorpresa dejando a Estados Unidos fuera de esta fase final en las eliminatorias de la CONCACAF.

Nada más arrancar el encuentro pudimos ver rápidamente la diferencia de calidad de ambas selecciones. Bélgica alineó un once claramente ofensivo en el que destacaba una defensa de tres centrales, Thomas Meunier y Yannick Ferreira Carrasco como laterales, y Kevin De Bruyne organizando el juego desde atrás. Roberto Martínez lo tenía claro, quería fluidez en ataque, presión alta e intentar robar balones en campo rival. Romelu Lukaku sería la referencia mientras Dries Mertens y Eden Hazard tendrían libertad para moverse por el frente ofensivo. Son jugadores sumamente creativos, de un talento inigualable y capaces de desequilibrar cualquier partido. Poco a poco y casi por inercia, comenzaron a caer las primeras ocasiones del lado de los europeos. Lukaku, Carrasco, Eden Hazard, Mertens por partida doble… Los principales estiletes ofensivos belgas encontraban oportunidades claras que no sabían aprovechar. Especialmente reseñable una de Eden Hazard tras clamoroso fallo del capitán panameño, Román Torres, en una cesión a su portero. Precisamente fue Jaime Penedo quien desbarató el primer gol de Eden Hazard con una gran intervención en el minuto 38.

Se acumulaban las ocasiones del lado belga (acabaron con 9 disparos y un 58% de la posesión en la primera parte), pero tampoco eran los de Roberto Martínez un equipo avasallador. De hecho con el paso de los minutos sus ataques fueron perdiendo constancia y consistencia, y permitieron que los americanos salieran un poco de su área en la recta final del primer acto. En ese tramo acumularon dos ocasiones, que si bien no fueron claras sí provocaron un aviso para la zaga de los diablos rojos, que hasta entonces apenas tuvo trabajo. Bélgica, como cabía esperar, tenía la iniciativa, pero como si no lograra sacudirse su fantasma de los últimos fracasos, no terminaba de concretar sus oportunidades. Y ya hemos visto muchas sorpresas en este Mundial.

Dries Mertens allana el camino

No se puede decir tampoco que fuera un mal partido de Bélgica, pero es indudable que viendo la diferencia de ambos equipos esperásemos más de los de Roberto Martínez, que dejaron dudas en el primer acto con su juego. Pero tienen jugadores de mucha calidad, que es raro que no aparezcan. Y es lo que sucedió tras la reanudación. Primero porque apenas habían salido los dos equipos del vestuario cuando Dries Mertens se inventó un golazo de volea tras cazar un rechace en el área. Un tanto digno del mismísimo Marco Van basten. Un gol que premiaba el gran esfuerzo del belga en la primera parte, cuando había sido el gran motor ofensivo de los suyos. Apareció esa estrella que ilumina al Nápoles constantemente, con un gol quizás inesperado pero que ponía tranquilidad del bando europeo. Hubo aun así espacio para un susto panameño que solventó Thibaut Courtois, abortando la acción de Murillo.

Aun así Bélgica no terminó de subir las revoluciones. Mas bien al contrario, fue poco a poco abriendo boquetes en la zaga panameña a base de transiciones rápidas tras robos en el centro del campo. Panamá no encontraba la brújula, y Bélgica sí porque, ya con el partido de cara, comenzó a aparecer Eden Hazard mientras se diluía Dries Mertens. El jugador del Chelsea se mueve como pez en el agua con espacios, y con el paso de los minutos comenzaron a aparecer. Especialmente tras el segundo gol, una gran jugada colectiva de los belgas tras un dribbling de Hazard, un pase magistral de Kevin De Bruyne con el exterior y el oportunismo de Romelu Lukaku para rematar. Entonces, con la victoria ya asegurada, vimos otra versión de Bélgica, menos pausada ante una defensa cerrada y más liberada al poder jugar contra una defensa adelantada y muy cansada.

Fue en ese momento cuando llegó el tercer gol belga, tras una rápida transición entre De Bruyne, conducción de Eden Hazard y definición de clase de Romelu Lukaku, que anotaba el segundo ante la salida de Penedo. Un gol muy característico del jugador del Manchester United para liquidar la faena y poner el partido en ese punto en el que la única duda estribaba en saber si se ampliaría la goleada. Porque, en un grupo en el que persumiblemente Bélgica debe jugarse el primer puesto ante Inglaterra en la última jornada, los goles siempre son importantes para el desenlace del grupo. De momento, los diablos rojos han demostrado su condición de candidatos pero tienen mucho por trabajar si quieren estar en las rondas finales.

MVP | Dries Mertens, una ganga en el escaparate

Es cierto que tiene 31 años pero también lo es que Dries Mertens es un jugador sumamente interesante que cuesta alrededor de 30 M€, que es el precio por el que aproximadamente podría dejar el Nápoles. Un club donde ya ha brillado en múltiples ocasiones, y en el que le hemos visto realizar actuaciones como la de esta tarde en Socchi.

A pesar de que Romelu Lukaku ha marcado dos goles, demostrando sus grandes cualidades de rematador, el jugador del club partenopeo allanó el camino cuando los suyos no terminaban de ver clara una victoria que se presuponía desde la previa. Puso la luz en el primer acto, cuando Bélgica estaba a oscuras, y allanó el camino con el que puede ser uno de los goles del Mundial, a lo Marco Van Basten. Cierto es que tras esa diana se fue diluyendo, pero también que tomó las riendas de su selección cuando ni Eden Hazard aparecía.

Goza de gran libertad en los esquemas de Roberto Martínez, y partiendo desde la banda lo hemos visto moverse por todo el frente ofensivo llenando el juego de los diablos rojos de pases de calidad, jugadas de peligro y grandes detalles para ver repetidos después. Un jugador sumamente interesante que ha llegado a Rusia a un gran nivel.